
Zona árida
Todos los años se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Uno de esos días que la ONU dedica a la concienciación sobre algún asunto importante. Y, a la vez, una de esas fechas en las que se hacen visibles grandes paradojas nacidas del desconocimiento de realidades obvias.
La ONU da grandes cifras. Más de 1.000 millones de personas que viven en zonas afectadas por el proceso en unos 100 países, expuestas a problemas de alimentación, emigración, refugiados,… La degradación afectaría al 60% de las tierras emergidas del planeta (aunque los desiertos propiamente dichos serían un 30%).
En España, que sería uno de los países más afectados por la desertificación en Europa, también se dan cifras tremendas. Un 42% del territorio nacional estaría afectado (de él, un 12% de forma muy severa). Y así muchos, al contemplar las zonas áridas del sureste español, o del valle del Ebro o del Guadalquivir , se estremecerán pensando en un sombrío panorama en el que dunas como las del desierto del Sáhara invadirán nuestros pueblos.
Pero, como en todas las cosas, hay que huir de las simplificaciones para captar la realidad. Es evidente que la desertificación , esto es, la pérdida de suelo fértil, es un serio problema. Que factores como las malas prácticas agrícolas (abuso de abonos y pesticidas, salinización por agricultura intensiva, cultivos en zonas de fuerte pendiente,…), los incendios, la sobrecarga ganadera, la sobreexplotación hídrica,… pueden incidir en que haya zonas en las que se pierda en un año una capa de tierra fértil que en ocasiones tardó siglos en formarse.
No obstante, no pueden obviarse una serie de hechos. Por ejemplo, que aquel mito según el cual una ardilla podía cruzar España desde el Estrecho de Gibraltar hasta los Pirineos sin bajar de las copas de los árboles no es cierto. Que históricamente hubo amplias zonas esteparias en nuestro país. Que ya Plinio elogiaba el esparto de las zonas áridas españolas. Esto es, que este tipo de paisajes forman desde antiguo parte de nuestros país y no sólo los bosques. Que hay una serie de condiciones naturales que han propiciado que se formen desiertos como los de Almería o Murcia, aunque en algún caso el hombre pueda haber echado una mano. Es más, que aunque mucha gente no sea capaz de captarlo, las zonas esteparias españolas tienen notables valores paisajísticos y por supuesto ecológicos.
En definitiva, que hay que poner las cosas en su sitio. Ponderar debidamente la cuestión. No magnificar inadecuadamente (como ,por cierto, han hecho en este tema ciertos intereses particulares que, so pretexto de luchar contra la erosión , erosionaron vastas zonas con algunas inadecuadas y mal llamadas “repoblaciones” forestales que con frecuencia han sido pasto de las llamas).
Hay que luchar contra la desertificación y la sequía, sí. Pero partiendo de los datos reales. Sin alarmismos que sirvan para promover unas prisas que nunca fueron buenas consejeras y que nos hacen perder los matices de las cosas.





Hace tiempo comenté – tras visionar los videos “Apocalipsis Antiguos”: “Cambio climático. Antiguo Egipto”, “Sequía el final de los mayas”, una nueva serie de documentales de la BBC que exploran el dramático hundimiento de grandes civilizaciones-, que los egipcios y los mayas padecieron sendas y largas sequías que duraron unos cien años, aproximadamente. Según los científicos, fue lo que provocó el declive de estas civilizaciones.
Algo parecido les pasó a la civilización jemer, en Camboya, y en los Rapa Nui, en la Isla de Pascua.
Las causas han sido estudiadas por los expertos llegando a la conclusión de que cambios climáticos fueron los desencadenantes de tal colapso de estas civilizaciones.
A mi modo de ver, ciertamente, fueron cambios climáticos, pero locales y provocados por ellos; fundamentalmente por la tala y quema de árboles de forma indiscriminada.
Los egipcios utilizaron los troncos de árbol para transporte de bloques de roca con los que construyeron fabulosos monumentos. Los mayas de igual forma, pero hay que añadir que quemaban la selva “en chamicera” para obtener campos de cultivo, sin conocer la rotación de los mismos. Los jemer de igual manera. Y los rapa nui, pues, quien haya visto la película se habrá dado cuenta de que talaron todos los árboles menos uno.
Con esto quiero llegar a la situación actual. Además del cambio climático provocado por la emisiones de gases y el efecto invernadero consiguiente, la contaminación, el efecto espejo, etc.; pienso que hay que añadir la desertización provocada por causas parecidas a las anteriores civilizaciones: tala y quema indiscriminada para obtener madera, para agricultura intensiva, ganadería, metales y piedras preciosas, para especular con el suelo, o, incluso, por despecho o trastorno.
¿Cómo va a llover en una zona que hace poco era un frondoso bosque o selva? Es lo que está pasando, por ejemplo, en el Amazonas provocando sequía en toda América, véanse la merma de agua en las cataratas de Iguazú.
La desestabilización del clima es un hecho. Y aquí, en nuestro país, pues lo mismo.
Si se crea un desierto donde antes no lo había, ya puedes sacar los santos en procesión, que nos dirán, con toda razón, que no tengamos tan mala cabeza con el fuego y la deforestación, y que plantemos árboles y cuidemos de los bosques y selvas.
De lo contrario, a palmar; como ya empezamos a ver y padecer. Y lo peor es la herencia que les vamos a dejar a nuestros hijos pequeños. Se van a “ensuciar” en nuestras muelas de una manera…
El profesor Elvira, de la Universidad de A. de Henares, afirma que en nuestro país, en el centro de España, en el 90% de su superficie, la lluvia se produce de las borrascas que cuelgan del chorro polar y entran desde el suroeste. La posición en la latitud del chorro depende de lo frío o caliente que esté el Polo Norte: cuando más caliente esté, más al norte circula el chorro y menos borrascas entran en la España seca. La secuencia de lluvias y sequías ha aumentado su irregularidad en un 300% en 100 años.
En la costa mediterránea, sede de una enorme parte de la población y riqueza española, las lluvias atlánticas no llegan, debido a las montañas costeras. Aquí la lluvia, como en el Cantábrico, es convectiva, procedente del vapor de agua del mar. Pero no hay vientos predominantes, sino que el vapor entra en la tierra movido por las brisas marinas. El vapor se convierte en lluvia cuando se enfría. Pues bien, ese vapor de agua que viene del Mediterráneo empieza a subir por las laderas de las montañas, y, habiéndose calentado al pasar por la llanura costera, precisa el aporte de dos gramos más de vapor por metro cúbico: una cantidad insignificante, pero decisiva, para llover o no llover. Estos gramitos de agua los aportaba, hasta hace unos 10 años los árboles de las laderas. Pero hoy ya casi no quedan árboles, Los hemos quemado o talado para construir. El vapor de agua sube por las laderas y, sin llover, vuelve al mar.
Estamos viendo los primeros síntomas de los que se nos viene encima: un planeta muy caliente, un Polo Norte más caliente incluso, borrascas que pasan al norte de la península, salvo episodios de inundaciones violentas y tierras secas que alejan la lluvia. Podemos estar orgullosos de nuestra obra.
Hoy, sale una noticia en la prensa sobre la sequía que padece China, lo cual ha provocado que el ejército haga nevar artificialmente sobre Pekín.
Esto viene al hilo del colapso de la civilización Tang.
El declive de la civilización Tang, una de las más importantes de la historia china, pudo deberse a los cambios en los monzones en Asia entre los siglos VII y IX de nuestra era, según revela un estudio de las revistas sobre Naturaleza.
“La sequía provocada por los bruscos cambios en el régimen de lluvias, con catastróficas disminuciones de las cosechas y un empobrecimiento casi generalizado, podrían explicar las tensiones profundas que llevaron a la caída de ambas civilizaciones.
Un equipo de investigadores dirigido por Gerald Haug, del GeoforschungsZentrum (Centro de Investigaciones sobre la Tierra) de Postdam, Alemania, llegó a esta conclusión tras analizar sedimentos del lago Huguang Maar, en la costa suroriental de China.
Las propiedades magnéticas y el contenido en titanio de esas muestras proporcionaron importantes indicaciones sobre la fuerza de los monzones en Asia Oriental, explican los investigadores.
Estos vientos periódicos soplan en invierno hacia el mar (el denominado monzón seco) y en verano hacia la tierra, conocido como monzón húmedo.
Haug, junto con sus colegas chinos y estadounidenses, constató que en los últimos 16 mil años hubo tres períodos en los que el monzón de invierno fue muy fuerte y el clima en China seco, principalmente en el momento del declive de la decimotercera dinastía china, la Tang, que reinó entre los años 618 y 907. Después de tres siglos de esplendor, la dinastía Tang, famosa por sus expresiones artísticas e intercambios comerciales con India y Oriente Medio, se extinguió en medio de una revuelta general”.
“Cómo fue hecha la muralla: Hace unos 3 000 años, los numerosos estados beligerantes del norte de China construyeron murallas defensivas alrededor de sus territorios. En 221 a.C. Qin Shi Huangdi, príncipe de Chin, uno de esos estados, se anexó otros seis y se proclamó primer emperador de China. Destruyó todas las murallas salvo las del norte, que mandó unir para proteger su imperio de los hunos y de otras tribus nómadas de la región.
En los siglos siguientes otros gobernantes reconstruyeron la muralla y la extendieron, en particular los de las dinastías Han (206 a.C.-220 d.C.) y Ming (1368-1644)”.
No voy a ser tan presuntuoso como para poner en duda los anteriores estudios. Pero, basándome en mi teoría, podemos observar cómo llevaron un largo periodo de deforestación que bién pudo desembocar en un cambio climático local que pagó la dinastía al principio Tang.
Gracias por tus comentarios, amigo. Ciertamente se ha publicado el impacto que un cambio cllimático tuvo sobre civilizaciones como la China de la Dinastia Tang, o también la de los mayas. Pero, como sabes, el hombre suele no aprender demasiado del pasado. Y menos ahora.
Hoy sale la noticia en El País, que sigue confirmando mi pequeña aportación a lo que pudo y puede pasar:
“El suicidio de la cultura nazca
El misterioso pueblo preincaico que sembró Perú de geoglifos gigantes desapareció víctima de su propia deforestación
Aunque nunca fue un imperio, la cultura nazca, que floreció en Perú más de mil años antes que la inca, tiene fama por derecho propio. Los enormes geoglifos que dejaron los nazca en las pampas desérticas del mismo nombre, y que sólo se pueden apreciar plenamente desde una avioneta que los sobrevuele, causan al visitante una mezcla de admiración y misticismo. No ha faltado quien ha sugerido que en realidad son obra de extraterrestres. Lo cierto es que siguen siendo un misterio que intriga a los investigadores, igual que la súbita desaparición de la civilización, alrededor del año 500 después de Cristo. En realidad, se cree que un fuerte fenómeno de El Niño causó severas inundaciones y desencadenó la decadencia de los nazca; pero un reciente estudio sugiere que éstos también tuvieron parte de responsabilidad en lo que bien podría considerarse una de las primeras catástrofes ecológicas causadas por la mano del hombre.
La investigación, encabezada por David Beresford-Jones, del Instituto de Investigación Arqueológica de la Universidad de Cambridge y reseñada recientemente por la revista Nature, sostiene que si los nazca -que eran notables ingenieros hidráulicos- sucumbieron por los deslizamientos e inundaciones provocadas por el fenómeno de El Niño fue porque ellos mismos debilitaron sus suelos al talar extensos bosques, principalmente de huarango -un árbol que puede vivir más de mil años y es clave en su ecosistema-, para dedicar el terreno a cultivos agrícolas. “Siempre se ha recurrido a dramáticos fenómenos climáticos para explicar los cambios culturales en los Andes”, señala Beresford-Jones en Nature. “Pero esto no se sostiene, si nos basamos en lo que sabemos sobre la cultura humana. Se da la imagen de una cultura estática, golpeada por acontecimientos sobre los que no tiene control. Los nativos americanos no siempre vivieron en armonía con su entorno”.
Mediante simulaciones hechas con ordenador, los investigadores muestran que las fuertes lluvias e inundaciones de un Niño severo -como el que efectivamente golpeó la costa peruana en ese tiempo, de acuerdo con los vestigios arqueológicos encontrados en la zona- podrían haber causado graves daños al complejo sistema de canales creados por los nazca para irrigar sus cultivos. Si los efectos fueron devastadores fue porque, al talar los bosques, los nazca eliminaron el complejo sistema de raíces que mantenía firme el suelo de sus valles. “Cuando El Niño llegó, se llevó consigo el suelo de la planicie, debido a que éste ya no era sostenido por el bosque. Esto causó la erosión y volvió inservibles los sistemas de irrigación”, explica Beresford-Jones. Para corroborar esta tesis, Alex Chepstow-Lusty, paleoecólogo que trabaja en el Instituto Francés de Estudios Andinos, analizó muestras de polen de uno de los valles. El resultado dejaba claro que, mientras que los vestigios más antiguos correspondían a árboles como el huarango, las muestras posteriores pertenecían a cultivos como el maíz y el algodón. Después hay un cambio dramático: los sembrados desaparecen y son reemplazados por la mala hierba, la evidencia del desastre natural. Ésta finalmente también desapareció y dejó el terreno como está en la actualidad: convertido en un desierto.”
Efectivamente, en Nazca había ciudades con múltiples construcciones en forma de pirámides escalonadas, según nos presentan en documentales. Por otro lado, he vuelto a mirar desde el mapa las famosas líneas de Nazca y creo tener una posible toeoría: Esas lineas paralelas eran una especie de acequias de regadío que se van ensanchando a medida que nos acercamos a las montañas donde ejercían de colectores de los valles donde se generaban cauces, nacimientos de manantiales y escorrentías, incluso se ven polígonos semejantes a estanques.
No sé si estaré en lo cierto, pero me gustaría que alguien mucho más listo y preparado que yo, estudiara esa posibilidad.
Construcciones en forma de pirámides hay en muchos países, pero donde más sorprende es en Europa y China.
En China se pueden ver desde el maps al noroeste de Xian, junto a un aeropuerto. Parece ser que no se habían dado a conocer hasta ser avistadas al final hacia el final de la Segunda Guerra Mundial por un piloto amercicano. Una de ellas se atribuye al emperador Shi Huan-ti (emperador Amarillo). A él debemos la edificación de la Gran Muralla China o el Ejército de Terracota desenterrado en su mausoleo. Pero tal vez una de sus más espectaculares obras fue la que describe el historiador chino Sseuma Ts’ien (135-85 a.C.). En ella empleó a 700.000 trabajadores en la construcción bajo una gran pirámide en el Monte Lishan de su tumba, cerca del mausoleo donde fue descubierto el Ejercito de Terracota. Bajo la pirámide, cientos de metros de galerías y pasillos repletos de los más increíbles tesoros rodeaban la cámara funeraria del emperador. Ordenó posteriormente recubrir toda la construcción de tierra y colocar plantas sobre ella para poder camuflarla como una elevación natural del terreno.
Pues bien, parece ser que los chinos, mongoles etc., tambien sufrieron cambios climáticos locales; por supuesto, provocados por la gran deforestación y quema de bosques para construcciones, agricultura, incluso para sacar a los enemigos de los mismos, como ocurrió en europa.