Si el dicho popular reza que “no se hizo Cuenca para ciegos” , no es por casualidad. Cuenca es la capital más inexpugnable de España, un auténtico “nido de águilas sobre una roca” como la bautizase Pío Baroja.
Es una ciudad fundida con la Naturaleza. Una ciudad que forma una unidad inseparable con ella, colgada sobre impresionantes cortados de roca caliza. Alzada sobre dos hoces impresionantes, la Hoz del Huécar, con sus bonitos “hocinos” (casas de labor en las terrazas), con sus bloques de roca, con sus arboledas, y la Hoz del Júcar, con sus magníficas arboledas.
Si queremos movernos algo más lejos, pero a no mucha distancia, encontraremos, subiendo por el valle del Júcar, las impresionantes vistas que se ven, junto al pueblo de Villaba de la Sierra, desde el Ventano del Diablo, y un poco más allá la fantástica Ciudad Encantada o la laguna de Uña.
Si tomamos otra dirección, hacia la llamada Tierra Muerta, podemos admirarnos contemplando las Torcas, creadas al hundirse el techo de antiguas grutas, alguna de las cuales han dado lugar a lagunas de distintos colores y otras han quedado invadidas por los pinares omnipresentes en la Serranía.




