La más propiamente “canaria” de las Islas Afortunadas, si hacemos caso a Plinio, que así como a otras las bautizaba como “Ningunaria”, “Junonia” o “Capraria”, a esta la llamó “Canaria” ,la de grandes canes. Tiene esta isla, que los aborígenes denominaron Tamarán, relevantes espacios naturales.
Junto a la propia capital ,está el Espacio Natural Protegido de La Isleta, buen punto de observacion de aves marinas como pardelas o petreles.
No lejos de Las Palmas, hacia el sur, encontramos el edificio volcánico de origen explosivo de la Caldera de Bandama, cráter de 800 metros de diámetro y 200 de profundidad.
En torno a municipios como Moya, Santa Maria de Guía o Teror (donde por cierto está el santuario de la patrona de la isla, La Virgen del Pino) está Monte Doramas , con una sucesión de barrancos, cultivos, restos de fayal brezal, …
En la parte más alta de la isla, en su mismo corazón, podemos maravillando la “tempestad petrificada” -como la definió Unamuno- del Parque Natural de las Cumbres, con formaciones singulares como el Roque Nublo, el Montañón Negro, o la Caldera de los Marteles. Lugar sagrado de los aborígenes donde se alzan las mayores alturas de la isla, como el Pico de las Nieves (1.960 metros).
En la zona noroeste de la isla, destacan zonas como la del Parque Natural de Tamadaba, con magníificos pinares de pino canario, donde no faltan los pinzones azules o los picos picapinos, y los tremendos acantilados como los de Andén Verde.
Por citar otros espacios naturales de la isla, menciemos las dunas de Maspalomas, el parque natural del Macizo del Suroeste, los parques naturales de Inagua, Ojeda y Pajonales, pegado al de las Cumbres (al igual que el parque natural de la Cuenca de Tejeda) , el parque natural de Guayadeque, o el parque natural de Ayagaures y Pilancones




