En este espacio en la red insistimos una y otra vez en la grave situación sanitaria a la que nos está abocando la falta de prevención de enfermedades que se deben , a veces de forma muy considerable, a factores ambientales. Pero no es sólo esto, sino que también esa falta de prevención está propiciando que se recurra a “huidas hacia adelante” que se están llevando por delante toda clase de principios morales.
Todo esto nos va a llevar , de hecho ya nos está llevando, “de Málaga a Malagón”.
La explicación es sencilla. Al no querer actuar sobre las causas de las cosas, una serie de problemas de salud siguen creciendo y creciendo en incidencia. Y ante eso, desde esa premisa de no querer prevenir los problemas , solo queda aplicar la perversa máxima de “si no puedes con ellos, únete a ellos”. Es decir, ya que no podemos con los problemas, vivamos de ellos si acaso paliándo un poco sus efectos y , queriendo o sin querer, contribuyamos a agravarlos. Al no poder derrotar al cáncer y otras enfermedades, ya que nunca podrán ser derrotadas sin recurrir a una prevención de la que se ha prescindido, solo cabe una salida: seguir dando vueltas de tuerca a los “tratamientos” y manipulaciones basadas en actuar sobre los efectos pero nunca sobre las causas.
Pensemos en los problemas de fertilidad que se extienden en Occidente. Se sabe que factores como la polución química pueden tener en ello un importante peso, pero en lugar de luchar contra eso se prefiere potenciar los negocios de la reproducción asistida y fecundación artificial, que serán mayores, al menos mientras dure la cosa, cuanto mayores sean los problemas de reproducción.
En una especie de siniestra paradoja, las consecuencias de la creciente desnaturalización de nuestra vida son “resueltas” a base de una mayor desnaturalización, convirtiendo un hecho hasta ahora natural en algo cada vez más artificial. Hay incluso quien ha anunciado el propósito de montar el negocio de “fabricar” óvulos y espermatozoides artificiales a partir de células madre.
Y no olvidemos que por ahí, entre bastidores, anda la señora clonación, esperando tiempos felices, a los que acaso se llegue cuando la reproducción sea más difícil aún con inseminación artificial.
Pensemos ahora en el cáncer. Se sabe que más de un 90% del cáncer es ambiental. Ello es particularmente evidente en el caso del cáncer de mama, por ejemplo, y hay centenares de investigaciones científicas que muestran el papel de los más diversos factores ambientales, tales como pesticidas, dioxinas y otras sustancias contaminantes que se acumulan en los pechos de las mujeres. Los cánceres son enfermedades complejas en las que influyen muchos factores y obviamente los tóxicos de los que hablamos no influyen en solitario, pero evidentemente tienen un gran peso. Sin embargo ¿que hacen nuestros gobiernos?. Nada. No se hacen campañas de prevención real. Mientras la incidencia de estos tumores ha venido creciendo muy fuertemente en las últimas décadas. En lugar de prevenir, recientemente se ha aprobado la selección genética de embriones para permitir la eliminación física de aquellos que tengan una serie de mutaciones en unos genes determinados , como el gen BRCA1 y el BRCA2. Se sabe que el porcentaje de cánceres de mama que tienen que ver con estas mutaciones genéticas es mínimo, acaso un 5%, pero nada. Es más, se sabe que incluso en estos casos muy minoritarios, la expresión de esos genes puede verse fuertemente influida por la presencia o no de una serie de factores ambientales. Es más ¿por qué se produjeron esas mutaciones en el BRCA1 y BRCA2?. ¿No sería por el efecto de alguna sustancia cancerígena?.
Lo dicho para este tema puede ampliarse sobremanera si lo extendemos a la desproporcionada inversión en la genética del cáncer si se tiene en cuenta la influencia real de la influencia de la genética en la enfermedad, ya que incluso en aquellos cánceres que se consideran más “genéticos” los genes no son frecuentemente nada sin lo que los envuelve, lo epi-genético.
Pese a todo, se prefiere que la Humanidad se encamine por los peligrosos derroteros de la eugenesia , para no conseguir realmente nada, que prevenir , reduciendo por ejemplo la exposición a una serie de factores que se sabe tienen mucho más peso.

Pensemos ahora en las malformaciones congénitas. Se sabe que muchas de ellas son debidas a la exposición a sustancias químicas tóxicas, radiaciones y demás. Pero en lugar de actuar sobre esos factores ¿que se hace?, pues promover bajo una eufemístico diagnóstico prenatal, más abortos, más eugenesia. Ello se ha anunciado al hablar de las “enfermedades raras” y para justificarlo, se ha inflado la cantidad de ellas que se deben a lo “genético” ese gran cajón de sastre que se utiliza para promover grandes negocios y , sobre todo, para desviar la atención de lo que realmente tiene más peso: lo ambiental.
Algo semejante se ha vivido con el tema de las células madre prometiendo que con ello se va a luchar contra enfermedades como la diabetes que no paran de crecer y crecer. Muchos científicos están descubriendo nexos ambientales en el crecimiento brutal de la incidencia de la diabetes ,pero nada, como estos científicos hablan de prevención no se les escucha. Prefiere prestarse atención no a los que quieren que baje la incidencia de la enfermedad a base de prevenirla, sino a los que prefieren desentenderse de que la incidencia siga creciendo , conformándose tan sólo con darle tratamiento a base de crear sofisticados negocios basados en la promesa de que con la investigación en células madre se conseguirá mejorar la vida de algunos pacientes.
El Reino Unido dió luz verde a la creación de embriones híbridos de vaca y ser humano amparándose en que era para obtener células madre para luchar contra enfermedades degenerativas como el Parkinson. Un tabú , una barrera ética cayó, en nombre del Parkinson. Se aprobó el primer paso para la Isla del Doctor Moreau y sus horrores, alegando que era en nombre de una enfermedad que como se sabe perfectamente podría prevenirse ,con unos resultados extraordinarios, reduciendo cosas como la exposición a pesticidas (vean si no artículo en este mismo espacio en la red).
Lo más curioso es que, al margen de la irracionalidad de no optar por la prevención sino por vivir del tratamiento de las enfermedades, practicamente todo lo que se hace es prometer supuestas posibilidades futuras, frecuentemente muy dudosas y remotas y a muchos años vista, de curación. Por prometer que no quede. Las promesas son a largo plazo y los beneficios económicos de los que las hacen a corto.
Curiosamente siempre se apoya lo que no combate el incremento de las enfermedades en origen, sino lo que permite que la legión de gente enferma siga creciendo, y que siga creciendo el gasto en carísimos tratamientos o en las más curiosas y sofisticadas investigaciones.
En resumen, no sólo la incidencia de una serie de problemas no para de crecer, sino que , además, vamos de cabeza al Mundo Feliz de Huxley, eso sí siempre en nombre de la “ciencia” y de la salud. Todo un sarcasmo , ya que la voz de la comunidad científica no es escuchada cuando no interesa, como sucede con los miles de científicos que llevan años alertando del tremendo impacto sanitario de las cuestiones ambientales. Solo se escucha la voz de la “ciencia” que interesa: la de los que quieren montar negocios de selección de embriones, la de los que quieren hacer lo que sea con las células madre, la de los que viven de una reproducción cada vez más sintética, la de investigadores genéticos cuyos descubrimientos a la hora de la verdad servirán para bastante poco, la de los que viven de vender fármacos carísimos y cosas así (sin olvidar la de los que, por una extraña razón, quieren que cada vez haya más abortos).
La voz de la ciencia que habla de prevención, a pesar de que los efectos positivos reales sobre la salud serían infinitamente mayores, simplemente no es escuchada. Porque lo que se lleva es vivir del problema y no de la solución, especialmente si todo tiene una apariencia de sofisticación portentosa, como lo del genoma por ejemplo.
Lo que se lleva no es intentar restablecer la naturalidad de las cosas , conscientes de que ha sido su desnaturalización la que ha estropeado la pujanza de la vida, sino dar más y más vueltas de tuerca a la desnaturalización.
Pero en estos temas pasa como en el célebre cuento de los tres cabritillos en que el lobo metía la pata en harina para que pareciera otra cosa cuando la asomaba bajo la puerta. Hay demasiado lobo con piel de cordero, demasiado caballo de Troya. Demasiadas cosas que se presentan como “ciencia” y son negocio, demasiado “altruismo” interesado, demasiado “salvador” que nos lleva a la perdición. Pensemos en aquel niño que fué seleccionado genéticamente para salvar a su hermano ( que esperemos que sea cierto que lo salvase). ¿Quien no quiere salvar un niño?. Los que estuvieron en contra de aquello eran presentados como oscurantistas , opuestos a los avances de la ciencia y contrarios a que se salvara la vida de un niño. Y así, se nos coló nada menos que la selección de embriones. Es evidente que, de seguir así, pronto se seleccionarán embriones en masa y no solo por salvar a nadie, sino por capricho. De hecho ya hay iniciativas en ese sentido. Pronto habrá “bebés de diseño” con el color de ojos que más nos guste.
Las barrreras morales van difuminándose. Y ante nosotros aparecen escenarios de ciencia ficción de lo más sombríos. En la trastienda aguardan señores como Craig Venter que se ufana ya de ser capaz de “crear vida” sintética. Aprendices de brujo , charlatanes de feria muchas veces, que son apoyados más que los verdaderos científicos que no hacen más que recordarnos ese célebre refrán de que “más vale prevenir que curar”. Pero no, para muchos vale más, es más negocio, “curar” o aparentar curar sofisticadamente, que prevenir.





