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Archive for 30 julio 2009

Estos días el terrorismo ha vuelto a manifestarse en España. Como una siniestra irrupción de unas nefastas criaturas nacidas en lo más oscuro del infierno, unos terroristas causaban la muerte de dos guardias civiles en la isla de Mallorca. Nuestro país es una nación “acostumbrada” al zarpazo de los descerebrados. Esas “personas” que no usan la cabeza para pensar sino para embestir.

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Pero , al mismo tiempo que esas criaturas del Averno mancillaban la alegría y el descanso de quienes disfrutan de unas vacaciones con la triste noticia del vil asesinato de dos guardias civiles, otras criaturas nefandas parece que nos han querido obsequiar con otro infierno: el de las llamas que se han extendido por miles de hectáreas de algunas bonitas zonas de nuestra geografía. También estas criaturas infernales han generado muertos, como los habidos en la zona de Arenas de San Pedro, afectada por un incendio que las autoridades juzgan, como tantos otros, intencionado.

Son también terroristas. Sus actos causan terror. Amenazan a miles de personas con la peor de las muertes. Fuerzan la evacuación de pueblos enteros. Causan tremendos daños materiales y económicos. Y devastan la piel de nuestra patria, dañándola en su misma base: en su capacidad de sostenernos a los españoles.

La Madre Tierra Patria es una madre que nos da de beber, de comer, que nos sostiene en todo. Nada de lo que es España podría ser sin la Naturaleza. España es también y ante todo su Naturaleza. ¿O es que solo hay una España de politiqueos, de economías y mercaderías, de fútbol, o que se yo de cuantas otras cosas?. Si es así sería una España sin base, una España desnaturalizada en el sentido más pleno de la palabra. Yo pienso, como don Miguel de Unamuno que quien no sabe nada de la Naturaleza de España no puede ser patriota verdadero.

Sin embargo , con los terroristas que queman nuestra patria no se tiene la misma eficacia y contundencia que con los primeros. Por ello, si ya nos está costando acabar con los tipejos de la ETA, probablemente tardaremos más en poner coto a estos otros. Es probable que si no tuvíesemos que atender los fuegos de aquellos enemigos de la patria que traman sus maldades so pretexto de la independencia de una zona de España, nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado pudiesen disponer de más medios para perseguir a estos otros.

La triste realidad es que cada año una parte de España se quema. Hay una media anual de 20.000 incendios y de algo más de 100.000 hectáreas calcinadas. Muchos de esos fuegos, al menos uno de cada 3, son intencionados. Y, con mucha frecuencia, por una serie de razones (diversidad de focos, selección de días de viento,…) estos fuegos intencionados suelen quemar mucha superficie.

La ley recoge que por provocar incendios hay penas de 1 a 5 años de cárcel , aplicándose en su mitad superior si hay consecuencias ecológicas graves o si se espera un beneficio económico, y de 10 a 20 años cuando comporten peligro para la vida o la integridad física de las personas.

Pero nadie, por los datos de los que dispongo, ha tenido que hacer frente a la condena superior. La mayor pena impuesta parece ser la que recayó sobre un hombre con tratamiento psiquiátrico que fue condenado en Málaga a 8 años.

Es más fácil, por ejemplo, detener a un negligente que a alguien que quema el monte con toda su mala sangre y que tiende, como toda alimaña que se precie, a ponerse a salvo y escurrirse. Y por eso, muchas de las detenciones son de personas que quemaron por un descuido y en menor medida de las que lo hicieron con la peor voluntad.

En cualquier caso, sea como sea, solo un 1% de los incendios acaba en detención. ¡Un 1%!. Y de este 1% solo un 20% acaba en juicio. Según un informe de Greenpeace del año pasado solo uno de cada 1000 incendiarios es juzgado. ¡Un 0,1%!. Conclusión: la impunidad campa a sus anchas.

Estamos ante algo realmente escandaloso, pero la opinión pública , tan huérfana de datos sobre tantas cosas serias , pareciera haberse acostumbrado a ver los incendios por la tele como un entretenimiento veraniego más. Basta con exclamar el típico “es una pena”, y proseguir comiéndose la paella.

Pero no. No señores. No es admisible. ¿Se imaginan que se consintiese tal situación en otro tipo de delitos?.

Lo que sucede en España con los incendiarios no tiene perdón de Dios. Es tal el grado de frivolidad que los medios, al hablar de incendiarios, y pese al esfuerzo hecho por aclarar los conceptos, siguen todavía hablando a veces de “pirómanos”. Los pirómanos, señores míos, son solo una pequeña fracción de los incendiarios. Tal término solo es aplicable al escaso número de personas que pegan fuego a consecuencia de estar mal de la cabeza. Y el grueso de los incendiarios no están mal de la cabeza y no pocas veces son gente muy cuerda, muy listos y con unos intereses muy claros.

Urge que la sociedad española se conciencie acerca de lo grave que es que se consienta la impunidad de estos señores. Que haya un mayor impulso político que dote de medios a los cuerpos de seguridad del Estado para mejorar la investigación y detener a los responsables. Que los jueces y fiscales se pongan las pilas. Que haya una mayor colaboración ciudadana.

Obviamente, el monte español es algo muy grande, y es muy difícil vigilarlo todo, controlarlo todo. Pero seguro que puede hacerse mucho más de lo que se está haciendo.

El tema de los incendios es algo muy complejo que va mucho más allá del asunto que hemos comentado de los incendiarios. Podríamos hablar mucho, por ejemplo, de cómo la falta de prevención y la hipertrofia de los sistemas de extinción son todo un canto a la falta de previsión tan característica de este país. Se repite mucho que los fuegos se apagan en invierno, pero nada. Buena parte del territorio forestal español está abandonado a su suerte , sin planes de gestión. No se clarean las masas y el material combustible se acumula en ellas. Nadie extrae nada del monte. Nadie lo considera suyo. Los pueblos se abandonan. No se trabaja lo suficiente en crear empleos estables en las zonas forestales para que a lo largo de todo el año vayan mejorándose las masas. Y luego se ponen retenes en verano. Y se invierte en aviones, helicópteros,… Y ,como cada año, los montes arden. Se apagan los fuegos, con mayor o menor eficacia ( y con más o menos víctimas). Se saca la madera quemada y se comercializa (como previsiblemente pasará con la madera de las zonas quemadas estos días en Arenas de San Pedro, Las Hurdes, Poyatos,…)

El monte , demasiadas veces, no es negocio hasta que arde (para unos cuantos).

“Más madera” como gritaban los Hermanos Marx. “Más madera”. Y de prevenir, nada.¿Por qué no creamos de una vez el negocio de que los bosques no ardan?. ¿Por qué en lugar de que crezca el número de los que viven de que exista un problema, no hacemos que crezca el número de los que liguen su sustento a que no exista?. ¿Cuantas personas más tienen que morir (este año, hasta ahora, van 11)?. ¿Cuantos pueblos más tienen que ser desalojados?. ¿Cuantas escenas de pánico han de verse?. ¿Cuantas propiedades arrasadas?. ¿Cuantos bosques calcinados?.

“Es una pena. Ponme otro plato de paella. ¿Y qué me decías de Belén Esteban?”.

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Cáncer de mama y tóxicos

 

Copia de mama

La verdad es que las causas que producen las cosas, cuando son tan importantes y extendidas como para provocar o influir en pandemias que afectan a millones de personas, son a veces demasiado difíciles de ocultar. Tanto que con frecuencia, aunque los científicos no las busquen, acaban topándose con ellas por el camino.

Un ejemplo de ello podría ser la historia de los doctores Ana Soto y Carlos Sonnenschein que en 1987 investigaban en la Facultad de Medicina de la Universidad de Tuffs, en Boston (EE.UU.) sobre los factores que podían detener el crecimiento de las células de cáncer de mama (1). No eran entonces precisamente científicos especialmente interesados en los efectos de la contaminación sobre el cáncer. Realizaban una investigación convencional con el deseo de encontrar una sustancia que inhibiera el crecimiento de los tumores. Era un proceso muy delicado donde era absolutamente crucial , con la finalidad de identificar y depurar las sustancias que producían una serie de efectos, evitar cualquier clase de contaminación que pudiera desbaratar el resultado de los experimentos.

A pesar de las increíbles medidas adoptadas en ese sentido y de que en centenares de ocasiones similares nunca había sucedido nada extraño, un día pasó algo. Un cultivo de células de cáncer de mama que no debían crecer , sin embargo lo hacían, y desmesuradamente. No se explicaban por qué.

¿Había existido una contaminación accidental con estrógenos?. Parecía difícil ya que el gramo de estradiol , la potente hormona femenina que utilizaban para los experimentos se guardaba en otro laboratorio. ¿Había alguien saboteado el experimento? ¿Habían cometido algún error?. No procede extenderse aquí sobre todos sus quebraderos de cabeza, todos los cambios, y todas las pesquisas que durante meses hubieron de hacer, hasta que dieron con la causa.

La causa era algo insospechado: que el plástico del que estaban hechos los tubos que utilizaban en los experimentos ,el poliestireno, a pesar de su apariencia inerte, liberaba una sustancia que hacía crecer a las células del cáncer de mama.

Dos años después del inicio del problema identificaron la sustancia: era el p-nonilfenol, sustancia que había sido añadida al plástico como anti-oxidante. Aquello les llevaría a indagar qué otros productos podían tener ésa sustancia o sustancias afines. Así descubrieron que podía estar en otros plásticos y que la descomposición de determinados detergentes, plaguicidas y productos de higiene personal podían generarla. Un nuevo mundo se abrió ante ellos. No conviene olvidar que esa sustancia hacía crecer a las células humanas del cáncer de mama y que estaba presente en múltiples elementos de la vida cotidiana de las personas. Luego vendría el descubrimiento de más sustancias con semejantes efectos.

Como decíamos al principio, de lo que estamos hablando es algo tan grande y tan extenso que ni siquiera es preciso que los investigadores tengan que buscar demasiado. Se mete ,por sí solo, en los propios laboratorios. Podríamos referir más casos semejantes al de Soto y Sonnenschein, como el de los investigadores de la Universidad de Standford ,en California, cuyos experimentos se vieron interferidos por el bisfenol A que liberaban los matraces hechos del plástico policarbonato. El bisfenol A ,por cierto, también es una sustancia que hace proliferar las células del cáncer de mama y que, como vemos en otras partes de esta web está por doquier.

De cosas así aprenderían mucho científicos como Nicolás Olea, de la Universidad de Granada, que había trabajado con Ana Soto y Sonnenschein en la Universidad de Tuffs, y que hoy en día es uno de los puntales de la Medicina Ambiental en España. Ha estudiado mucho sonre cánceres dependientes de las hormonas, como lo es el mamario. Y sabe el peso que tantas sustancias contaminantes que imitan a estos mensajeros químicos del cuerpo, puede tener en la enfermedad. (LEER ARTÍCULO COMPLETO)

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Aunque muchas personas parezcan no estar debidamente al corriente de ello, desde hace décadas , y a consecuencia de los efectos de numerosas sustancias químicas tóxicas, se está desarrollando lo que algunos eminentes científicos han definido como una nueva pandemia. Una epidemia de vastas proporciones que ha estado sembrando enfermedad y muerte a lo largo y ancho del planeta sin que nadie haya hecho todavía nada eficaz para frenarla. Una de las razones de lo dicho es que aún una parte de la medicina no ha sabido percatarse de lo que sucede. A veces, hay cosas que no por ser grandes y evidentes sabemos ver.

La situación, salvando las distancias, recuerda bastante a la que se vivía en los primeros momentos de la medicina moderna, cuando mucha gente moría a causa de factores en los que nadie reparaba. Factores invisibles para los doctores de entonces.

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Según un estudio realizado por científicos de la Universidad de Michigan y del Instituto Nacional de Salud Pública de Méjico sobre embarazadas mejicanas , los niveles de ftalatos presentes en su orina , estarían asociados al riesgo de que sus hijos nazcan prematuramente.

Lo más preocupante es que se trata de sustancias presentes en los más diversos productos cotidianos, desde plásticos , como los de suelos de PVC o botellas, hasta cosméticos o perfumes.

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 Una de las situaciones de riesgo especial de exposición a las sustancias químicas peligrosas que más suele ser tenida en cuenta por quienes estudian estas cosas es, como no, la laboral. Especialmente en algunos oficios en los que la exposición a sustancias peligrosas puede ser especialmente notable. A nivel europeo unos 7 millones de personas sufrirían enfermedades profesionales vinculadas a la exposición a sustancias tóxicas (1).

trabajador industria

En cualquier caso y pese a haber sido más estudiado el ámbito laboral, como también en algunos casos el impacto de la contaminación de algunas industrias sobre determinados entornos concretos, no conviene dejar de tenerse en cuenta que los tóxicos que se manejan pueden acabar , y con frecuencia los hacen, contaminado a la población general a diferentes niveles (pensemos, por ejemplo, no sólo en los efectos de la contaminación ambiental indeseada, sino también en los productos , vendidos y comercializados que portan sustancias conflictivas).

En España ,según el Instituto Sindical de Trabajo ,Ambiente y Salud- (ISTAS) (2) que lleva muchos años realizando un magnífico trabajo , hay varios millones de trabajadores españoles que están expuestos a sufrir accidentes y enfermedades derivadas del manejo de sustancias químicas peligrosas.

Son muchos los oficios donde , muchas veces sin saber los empleados el riesgo real al que se están exponiendo, se trabaja cotidianamente con los más variados grupos de compuestos que pueden acabar por dañar su salud. En demasiadas ocasiones se manipulan con cierta alegría peligrosos disolventes y pesticidas, o determinados productos de limpieza, adhesivos, pinturas,… que están muy lejos de ser inocuos.

Hay industrias que de forma más obvia son asociadas a estos peligros, como es el caso de la química, o incluso la del metal o en determinados talleres, pero lo cierto es que pueden darse situaciones de exposición serias también en el sector de la construcción, donde cada vez se emplean más sustancias tóxicas, por no hablar de los agricultores (cada vez más mediatizados por la industria de los pesticidas) o de los trabajadores de la limpieza que manipulan productos sobre cuya composición nada saben.

Existe una gran falta de información que hace que muchas personas no sepan que en lugares como una tintorería pueden utilizarse sustancias muy peligrosas como el percloroetileno (3). Incluso una peluquería puede ser un lugar de exposición severa a determinados compuestos peligrosos, como los que existen en algunos tintes, lociones, lacas, líquidos rizantes y neutralizantes para permanentes, polvos decolorantes,… Basta ver diversos estudios realizados como el de la Universidad de Alicante que registró un exceso de nacimientos prematuros o con bajo peso, anomalías congénitas y abortos entre 310 peluqueras estudiadas (4) u otros realizados en otros países que reportaban altas tasas de asma. Pero ni siquiera una oficina , donde tantas horas de su vida pasa tanta gente, es un lugar exento de riesgos químicos.

Llama la atención hasta que punto en muchos puestos de trabajo se está trabajando con sustancias tóxicas sin estar debidamente informados acerca de los riesgos. La verdad es que en países como España son demasiado frecuentes situaciones que parecen impropias de un país desarrollado. De forma mayoritaria, nos dice el ISTAS, se ignora… (VER ARTÍCULO COMPLETO)

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Mucha gente se tranquiliza , al saber que en su cuerpo existen una serie de sustancias contaminantes, con la idea de que esas sustancias están a niveles “bajos” de concentración.

Uno de los mayores paradigmas de cierta toxicología convencional es ,precisamente, la creencia de que “es la dosis la que hace al veneno”. La máxima, repetida hasta la saciedad, es que a mayor dosis del veneno, más efecto y que, por tanto, no es esperable que a niveles bajos se produzcan daños. Sobre estas ideas se han asentado buena parte de los conceptos que se critican en otros apartados de esta web. Es la base de los límites permitidos de exposición a sustancias que tradicionalmente han venido estableciéndose contribuyendo a mantener en la población falsas sensaciones de control y seguridad, al fomentar la creencia de que solo los niveles altos de exposición a tóxicos pueden tener efectos sobre nuestra salud.

Sin embargo, el paradigma de los niveles altos sin embargo se está desmoronando. Cada vez más investigaciones están descubriendo efectos poderosos de las sustancias tóxicas a dosis ínfimas. Por ejemplo los niveles de PCBs que ahora sabemos que afectan al desarrollo del cerebro del embrión humano son cerca de un millón de veces más bajos de los que hace tan sólo unas décadas los toxicólogos decían que eran “seguros”. Cosas parecidas en un grado u otro , han sido vistas ,por ejemplo, con los sucesivos niveles que se asignaban por la EPA, en los últimos 20 años, a las famosas dioxinas, hasta acabar reconociendo los riesgos de estas sustancias a cualquier grado de concentración (como los que aparecen en buena parte de los cuerpos de los habitantes de las sociedades industrializadas). Y lo propio cabría decir del pesticida dieldrin en relación… (SEGUIR LEYENDO)

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España es un país donde el que contamina no paga. Prueba supina la tuvimos con los lodos de Aznalcóllar, cuando la empresa sueca Boliden se fue de  rositas tras generar un vertido cuya limpieza nos costó a todos los españoles decenas de miles de millones de las antiguas pesetas. La empresa no sólo no pagó, sino  que se marchó poniendo en la calle a los trabajadores tras cobrar jugosas subvenciones y dejándonos una polución de los suelos con arsénico que, a pesar de la limpieza, persiste. Y prueba también la tenemos en lo que sucede con los lodos tóxicos que la actividad industrial dejó en la localidad tarraconense de Flix, cuya solución aún está pendiente y que, por supuesto, la tenemos que pagar todos los españoles y no quienes la causaron. Ver NOTICIA.

Todo evidencia , además, el fracaso real de las llamadas soluciones de “final de tubería” esto es, las no basadas en la prevención de la contaminación en origen.

MÁS INFORMACIÓN SOBRE CONTAMINACIÓN QUÍMICA INDUSTRIAL EN ESPAÑA AQUÍ

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La siguiente noticia es una de tantas que deberían hacernos reflexionar. Según el titular, se ha ocultado la ubicación de cientos de lugares tóxicos que pueden poner en peligro la salud de las personas, a fin de no alarmarlas. Lamentablemente, lejos de ser algo anecdótico, este tipo de cosas suelen ser muy frecuentes, de  ése modo o con otros matices, y no solo en Méjico.

Ver noticia: http://www.eluniversal.com.mx/primera/33303.html

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Luego, una rara plaga se extendió sobre el lugar y todo empezó a cambiar. … Hubo una quietud extraña. … Los pocos pájaros que se veían estaban moribundos; temblaban violentamente y no podían volar. Fue una primavera carente de voces. En las mañanas que una vez palpitaron con el matutino coro de las voces de multitudes de pájaros, ahora no había sonido alguno; solamente el silencio cubría los terrenos, los bosques y los pantanos.

Rachel Carson, Silent Spring (Primavera silenciosa)

 

Rachel Carson

Rachel Carson

 El anterior es un párrafo de uno de los libros más influyentes publicados nunca en los Estados Unidos. Su autora era una científica tímida que acaso jamás sospechó el eco que tendría su obra.  

(PROSIGAN LA LECTURA EN LA WEB DEL FONDO PARA LA DEFENSA DE LA SALUD AMBIENTAL)

Primavera silenciosa fué publicado en 1962 , apenas dos años antes de la muerte de Rachel Carson y tendría un impacto que su autora jamás habría sospechado. 

Su trayectoria científica, en una suerte de paradoja, estuvo más ligada al conocimiento de la biología marina que al ámbito que la haría más célebre. Publicó libros como Bajo el viento del mar, El mar que nos rodea o El borde del mar que le dieron cierta fama como autora de libros divulgativos de ciencias naturales. 

Sin embargo Carson llevaba mucho tiempo preocupada por el impacto que podían provocar los venenos que se estaban esparciendo masivamente por los campos de su país. Ya a mediados de los años 40 había intentado publicar un artículo , sin éxito, en una importante revista. Continuaría recabando datos, año tras año, haciéndose cada vez más consciente de la entidad de la amenaza. 

En 1958 recibió una carta de unos amigos en la que se le contaba como habían desaparecido los pájaros de unas tierras tras haber sido fumigadas con el famoso DDT.  

Dudo que a Carson le pasara por la cabeza, pero lo cierto es que la palabra Averno (infierno) viene de Aorno , esto es, lugar sin pájaros. Y esa idea horrible de un lugar sin pájaros impactó mucho a Rachel.  

Intentaría escribir algunos artículos pero, al no conseguir publicarlos, se decidió a escribir un libro con un título evocador: Silent Spring, en el que condensar todo lo que sabía sobre el peligro de los pesticidas. Dedicó varios años a prepararlo. Habló con muchos investigadores. Lo dotó de una fuerte base en la literatura científica y hizo que su libro fuese revisado por una larga lista de científicos antes de publicarlo.

 Como era de esperar, al saberse de parte de los contenidos del libro en 1962, la industria química intentó desacreditarla, pero el público no cayó en el engaño y se percató de que se estaba ante una obra muy sólida y seria. El propio Presidente Kennedy reconoció que la obra de Carson había influido determinantemente en que se investigasen más en serio los efectos del DDT.

 Carson fué invitada a participar en diversos programas de televisión y declaró ante diversas comisiones del Congreso pidiendo que se protegiese la salud de las personas y de la Naturaleza frente a la amenaza de los pesticidas que se usaban entonces tan alegremente. 

Sin embargo, mientras todo esto sucedía, un cáncer de mama iba poco a poco ganando la batalla contra ella, de modo que falleció en abril de 1964 con 56 años de edad, tan solo un año y medio después de publicar su libro.

Irónicamente hoy se sabe, por múltiples investigaciones realizadas, que los pesticidas podrían estar involucrados en el origen del cáncer de mama, cosa que, obviamente, Carson no sabía entonces. De alguna manera, era como si la inteligencia de Carson hubiese emprendido una lucha contra lo que podía, probablemente, estar matándola a ella misma.

La muerte segó su vida demasiado pronto , haciendo que dejase este mundo sin poder ver el impacto de su obra.

 Menos de un año después de la primera publicación de parte del contenido de Primavera Silenciosa decenas de proposiciones de control del DDT habían sido presentadas en diversos estados.

 Pero Carson no pudo ver, por ejemplo, como en 1970 el Congreso de los Estados Unidos creaba la Agencia de Protección Ambiental como una más de las muchas consecuencias directas que había tenido su obra y el movimiento social que había despertado. Tampoco vio como en 1972 el Gobierno prohibía el uso doméstico del DDT.

 En 1962 escribió a una amiga con mucha humildad “ahora puedo creer que he ayudado por lo menos un poco”. No creía que un libro pudiera producir grandes cambios. No obstante, no tenía razón. Como dijo una de sus biógrafas, Carson se había convertido en un símbolo contundente del poder de un solo individuo para cambiar la sociedad.

 El libro de Carson es considerado hoy uno de los más influyentes de toda la historia literaria de los Estados Unidos.

 Carson explicó en una frase la motivación de todo: sentí que tenía una obligación solemne de hacer lo que pudiera”.

 Si más gente en el mundo sintiese eso, es decir, obligaciones solemnes de actuar en pro del bien, nuestro mundo sería muy diferente. Si una sola persona pudo cambiar tantas cosas, imagínense cuanto no podrían cambiar cientos, miles de personas que hoy andan por ahí distraídas, dejando que el mundo se deteriore.

 Esa frase (“Sentí que tenía una obligación solemne de hacer lo que pudiera”) resuena en nosotros. Nunca debemos dejar de escucharla. Nunca debemos dejar de sentir esa solemne obligación.

 UN ENLACE INTERESANTE (aunque alguno de sus contenidos no creo que hubiesen gustado del todo a Carson , en especial uno que trata de explicar la filosofía de la escritora , deformándola para que parezca que en el fondo era más comprensiva con los intereses de la industria química de lo que realmente era: http://www.america.gov/esp/media/pdf/books/carson-sp.pdf#popup )

 

 

 

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Según confirma un estudio realizado por la Universidad de Barcelona y la Universidad Rovira y Virgili  los contaminantes químicos no se destruyen con el cocinado. En algunos casos, los niveles de contaminantes incluso crecían. (VER INFORMACIÓN)

Los contaminantes analizados en el estudio son metales (arsénico, cadmio, mercurio y plomo), dioxinas y furanos (PCDD/Fs), policlorobifenilos (PCBs), difenil éteres polibromados (PBDEs), difenil éteres policlorados (PCDEs), hexaclorobenceno (HCB), y 16 hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs). Son muchas de ellas sustancias que los más diversos estudios científicos asocian , aún a niveles bajos de concentración, a diversos problemas sanitarios.

Desgraciadamente,  la Humanidad es muchas veces presa de sus inercias y tarda en identificar mucho algunos riesgos. El hombre tardó milenios en comprender que existía la amenaza de los microorganismos y aún en el siglo XIX los médicos se reían de su colega Semmelweiss cuando les decía que había que lavarse las manos para atender a las parturientas. Las atendían , en algunos casos, con las mismas manos con las que acababan de diseccionar cadáveres y claro, la mortalidad por fiebres puerperales era elevadísima. Y lo mismo sucede hoy, no con los microorganismos sino  con los tóxicos químicos, que son los nuevos agentes patógenos.

Así la gente suele preocuparse hoy, al pensar en los alimentos, en si tendrán o no microorganismos y si el cocinarlos acabará con ellos o no, pero muy poco de otros elementos perjudiciales que, en buena medida, son mucho más insidiosos y difíciles de eliminar que los microorganismos, y cuyo papel en la carga social de algunas de las enfermedades con mayor incidencia en el mundo desarrollado no para de crecer en consideración según van acumulándose más y más investigaciones científicas sobre el tema .

Ver:http://www.universia.es/portada/actualidad/noticia_actualidad.jsp?noticia=100215

http://www.correofarmaceutico.com/2009/06/08/al-dia/ciencia/cocinado-efecto-limitado-contaminantes-alimentarios

http://www.ub.edu/noticiesub/index2.php?option=com_content&task=view&id=520&Itemid=41

 http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=628866&idseccio_PK=1021&h=

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