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Archive for the ‘Transgénicos’ Category

A continuación pueden escuchar mis últimas intervenciones , del día 5-3-2010 en los programas La Tarde y La Linterna.

En La Tarde, hablé acerca de la polémica aprobación de una patata transgénica por parte de la multinacional petroquímica BASF

En La Linterna, hice un repaso de algunos temas de la semana, tales como el cambio de sexo en anfibios inducido por un herbicida ampliamente usado, la exitosa reproducción de las focas monje de Cabo Blanco , la declaración del buitre negro como ave del año y el Parque Nacional de Cabañeros.

Pueden escuchar el contenido aquí, haciendo click sobre las siguientes imágenes.

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Una buena noticia

El Gobierno conservador de Angela Merkel ha decidido prohibir el maiz transgénico Mon- 810 de la multinacional Monsanto, basándo su decisión, entre otras cosas, en sus impactos ecológicos (ver prensa: el Mundo) .

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Este tipo de maiz ocupa unas 3.600 hectáreas del país centro europeo, básicamente en su zona oriental.

Contrasta lo que sucede en Alemania, la principal potencia económica de Europa, con lo que sucede en España , donde hay cultivadas más de 80.000 hectáreas de maiz transgénico de diferentes variedades. España es el paraíso para los transgénicos en Europa. El único país donde se cultivan a gran escala. ¿Por qué?

El actual Gobierno “progresista” que hay en España, como también hizo, por cierto, el Gobierno de distinto signo que les precedió,  apoya los transgénicos, por lo que se ve, más que algunos de los principales gobiernos conservadores del continente.

Ojalá que se adoptase aquí, como en Alemania, una posición “conservadora”. Esto es, una posición que no permitiese cambiar alegremente el estado natural de las cosas. Porque aquí, señores míos, se está jugando con las cosas de comer.

A diferencia de los procesos de selección artificial que los agricultores habían venido practicando durante miles de años aquí se ha dado un salto cualitativo que permite, por ejemplo, que se incorpore en el genoma del maiz el gen de una bacteria para que la planta produzca un insecticida.

Se ha saltado -jugando a ser dioses- la barrera entre especies. Algo así como lo de la isla del doctor Moreau. Y se quiere suponer ,contra lo que piensan mucho científicos, que el que nos comamos ese maiz no tendrá más efectos que el que nos comamos el maiz natural.

Y puede ser que los señores de las multinacionales y sus científicos asalariados estén convencidos de que no pasa nada, pero lo que sucede es que los españoles no queremos comernos ese maiz ni directamente ni indirectamente ( a través de piensos animales). Y no se está respetando nuestro sacro-santo derecho a la libre elección.

8 países de la UE han tomado medidas contra los transgénicos: Alemania, Francia, Austria, Grecia, Luxemburgo y Hungria, además de Italia y Polonia que mantienen moratorias a los transgénicos.

Mientras esto es lo que hacen otros países, España continúa apoyando los transgénicos de la forma más tercermundista y descabellada.

Una serie de señores de la Comisión Europea se permiten, desde el final de la moratoria comunitaria en 2004, aprobar productos transgénicos a pesar de la oposición de la mayoría de los estados miembros. Alguien debería investigar, y cuando digo investigar quiero decir en profundidad,  a quien sirven aquellos señores y por qué toman tales decisiones. Hace unos años estuve en Bruselas y hablé con algunos singulares asesores comunitarios y, qué quieren que les diga acerca de a qué me olía aquello.

No vamos a hablar de la curiosa Agencia Europea de supuesta “Seguridad” Alimentaria, y de sus recomendaciones para autorizar transgénicos.

Tampoco me extenderé sobre como las decisiones de la Comisión Europea se basan frecuentemente en estudios de las propias empresas interesadas sin que se pueda verificar su fundamentación.

Se están desoyendo las voces realmente científicas. ¿Que un estudio con roedores alerta de daños hepáticos y renales  del maiz MON 863? Pues nada, no se hace caso. Ése maiz, manipulado para producir una toxina insecticida, se autorizó finalmente para consumo humano y animal. ¿Que hay científicos que recelan del maiz Bt 176 de Syngenta (antes Ciba Ceigy) , que produce por si misma una toxina que mata lepidópteros como el taladro, además de ser resistente a un herbicida y de poder propiciar resistencia a antibióticos como la ampicilina?. Pues nada. A pesar de que Estados Unidos , uno de los países más tolerantes con los transgénicos retiró la autorización a las  variedades Bt en el 2001, porque podían crearse resistencias en los insectos, en España nada, se siguieron autorizando unos años. Luego se prohibió tarde y mal.

Respecto al famoso MON 810, se aprobó en España pese a carecer de estudios sobre sus posibles efectos a largo plazo sobre animales , personas y medio ambiente. Por no saber, la verdad es que ni siquiera se sabe exactamente como ha quedado el genoma del 810 tras las manipulaciones realizadas y los efectos de ello. Y preocupa que alguna proteina que produce sea muy parecida a algunas que podrían ser alergénicas. Diversos análisis han encontrado además que los contenidos de toxina Bt del maiz varían mucho de una planta a otra, a veces en proporciones de un centenar de veces, siendo impredecibles.

Además ¿que horror es éste de que comamos un maiz llamado MON 863 o MON 810?. ¿Es que no nos damos cuenta de qué escenario sombrío de ciencia ficción supone esto?

No hay ninguna razón seria que sustente apoyar los transgénicos. No son más que un enorme experimento alimentario, con grandes incertidumbres sanitarias y ambientales, que tan solo beneficia a una serie de industrias químicas que no deberían apropiarse de las fuentes de alimentación de millones de personas.

Unas empresas que se creen con derecho a “patentar” formas de vida y ponerles copyright para tener a los agricultores y a quienes nos alimentamos de sus productos, en sus manos. ¿Pero que es esto?

Mi sentido del honor -profundamente conservador, lo confieso-  me impide tolerar tal afrenta.

Y mi sentido común me hace rebelarme ante las falsedades que se utilizan para engañarnos acerca de la supuesta bondad de estos productos.

Por eso, entre otras muchas cosas, soy firmante del reciente manifiesto de centenares de personalidades contra los disparates que se están cometiendo en el tema de los transgénicos.

Son cultivos que prometieron menos uso de pesticidas y no lo han cumplido. Mejor que no les hable de lo denunciado en algunas zonas del Paraguay , por ejemplo, que han de ser abandonadas por muchos campesinos por el terrible uso de pesticidas de los cultivos de soja transgénica, y donde se ha denunciado de todo, incluido un exceso notable de malformaciones ( si quieren ver el artículo científico aquí pueden). En algunas zonas dos de cada cinco niños nacen con malformaciones. Cosas parecidas han sido denunciadas en otros lugares. Cultivos que prometieron más productividad y que tampoco lo han cumplido (como hace poco ha reconocido el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos).

Ante el rechazo en Europa, las multinacionales aguzan el ingenio, como el lobo que se viste con piel de cordero.  Un día hablan de maravillosas patatas “saludables” que retendrán menos aceite al freirse, otro de aceites de soja con menos ácidos grasos, otros de yogures con edulcorantes naturales,… Incluso se dice que se sembrarán plantas transgénicas diseñadas para producir fármacos (que llenan de inquietud a mucha gente ante el riesgo de que se extiendan y causen desarreglos físicos). Son los nuevos aprendices de brujo. Los nuevos charlatanes que nos venden productos “milagro” de impredecibles efectos secundarios. 

En el contexto europeo , donde lo que hay son excedentes alimentarios y los consumidores lo que piden son mayores garantías de calidad de los productos, tras las crisis alimentarias vividas, no hay ningún argumento que pueda justificar el apoyo oficial a estos dudosos productos. Tampoco hay justificación en el Tercer Mundo cuya penosa situación no haría más que agravarse con estos cultivos a pesar del marketing de que esto los salvaría del hambre. El único hambre que va a satisfacer este tipo de cosas es el de beneficios de unas pocas multinacionales.

Como ya manifesté hace años en el Senado español , invitado por un senador del Partido Popular, los representantes de los españoles no deberían mostrar más entusiasmo hacia los transgénicos del que muestren sus teóricos “representados” y estos, por cierto, como muestran las encuestas realizadas, no quieren transgénicos.

Ir contra eso es burlarse de la democracia.

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