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Posts Tagged ‘La epidemia silenciosa. Intoxicados’

 ¿Quieren saber algo acerca de los desaguisados que pueden  producir en la salud y el comportamiento humanos estos dos “delincuentes” químicos?

Mercurio

Mercurio

 Al margen de las enfermedades más claramente asociadas a la intoxicación crónica con metales pesados –tales como el saturnismo con el plomo o el hidrargirismo con el mercurio- son muchos otros y muy diversos los males que la literatura científica ha descrito. Entre ellas alteraciones genéticas, daños reproductivos o cáncer, por no hablar de graves daños sobre el sistema nervioso y el inmunológico. No tenemos espacio para extendernos demasiado acerca de otros metales como puedan ser el cadmio o el arsénico, pero en cualquier caso también nos referimos a ellos en diferentes apartados fuera de este artículo. Centrémonos pues en los dos metales pesados que más han dado que hablar: el mercurio y el plomo. Lo que sigue no pretende ser exhaustivo, sino aportar álgunos datos interesantes.

 

MERCURIO

Uno de los metales pesados de los que más se ha hablado a consecuencia de su problemática ambiental y de salud pública ha sido el mercurio ( 1 ). Ha sido usado profusamente para las más diversas aplicaciones que van desde baterías a amalgamas dentales (a consecuencia de esto último se han denunciado muchos problemas, e incluso hay asociaciones de afectados (2), pasando por plaguicidas , barómetros, termómetros, desinfectantes, luminotecnia, e incluso como parte integrante de la composición de vacunas (3).

La cantidad de este metal pesado que hay hoy diseminada sobre la superficie de la tierra es el triple la que existía antes de la Revolución Industrial, a consecuencia de sus vertidos y emisiones que proceden de fuentes tan diversas como, por ejemplo, las centrales térmicas de carbón o algunas industrias fabricantes de plásticos.

Las emisiones de este elemento parecen haberse ido frenando algo en el mundo desarrollado, pero están creciendo en los países en desarrollo. Se trata de un metal pesado muy persistente en el medio y que, tras una serie de reacciones, puede integrarse en las cadenas alimentarias (4).

A pesar de la preocupante situación causada por este metal pesado la actuación de los gobiernos deja mucho que desear. Sin ir más lejos, tenemos el ejemplo del Gobierno español. A pesar de la existencia de una directiva europea de 1996 que establecía que en el año 2007 industrias como la cloroalcalina, dejasen de utilizar el mercurio en sus procesos, el Ministerio de Medio Ambiente llegó a un acuerdo con las empresas para que el año en el que se materializase tal prohibición fuese nada menos que el 2020. Trece años más de contaminación con mercurio y eso si se cumple.

La industria a la que nos referimos emplea celdas de mercurio para producir cloro necesario en la industria de los plásticos. A pesar de que existan alternativas como las membranas de celdas electrolíticas, la industria no quiere apresurarse en adoptarlas. Como tantas otras veces, los criterios de beneficio prevalecen frente a los de la salud pública (5).

 

MERCURIO EN EL PESCADO

pez-espada

Uno de los procesos tóxicos más estudiados y al que se atribuyen tales efectos que por si solos deberían haber bastado para impulsar poderosas acciones por parte de la comunidad internacional, es el que tiene que ver con el mercurio, cuyos efectos tóxicos se hicieron célebres especialmente tras los sucesos de la Bahía de Minamata en Japón, donde centenares de pescadores murieron tras ingerir pescado contaminado. Precisamente su notable acumulación en algunas especies de peces explotadas comercialmente , es una de las cosas que más inquietan, llegando a considerarse este tema como una seria amenaza sanitaria mundial (6). Diversos países europeos ,como sucede en otras zonas del mundo, han detectado altos niveles de mercurio en 11 especies de peces marinos de consumo habitua (7).

Uno de los artículos científicos más recientes sobre este tema es el que publicaron los científicos Corbet y Poon en la Medical Journal of Australia y que se refería a lo sucedido a tres niños de origen chino que vivían en Sydney. Su familia comía pescado al menos cinco veces a la semana, y a esos niños se les había alimentado con mucho pescado desde el destete. Singularmente con especies que se sabe que acumulan mucho mercurio como el salmón. Padres e hijos tenían altos niveles de mercurio en sangre, orina y pelo. El propio padre acabaría siendo diagnosticado de una intoxicación por mercurio (se quejaba de alergias, dolores abdominales, etc.). Los niños manifestaron una serie de problemas neurológicos , entre ellos una mayor agresividad. Uno de ellos, de casi 3 años de edad, presentaba retraso en el habla y síntomas de autismo (del que después sería efectivamente diagnosticado) y otro mostraba un gran retraso en el desarrollo desde que nació.

El citado es un caso más o menos puntual. No obstante, por ser un caso extremo, sirve para que se vea más claramente lo que de una forma más diluida –como han reportado también estudios más extensos, como algunos epidemiológicos- puede estar sucediendo en sectores de población muy amplios que a lo mejor no comen tanto pescado pero si que se ven expuestos a sus contaminantes en diferentes grados. Hoy no cabe duda de que la acumulación de mercurio en el pescado es una seria amenaza sanitaria y las administraciones de países como Estados Unidos o el Reino Unido, entre otros, hacen campañas para establecer máximos semanales de ingesta para sectores de población vulnerables como las embarazadas. Sin embargo, en países como pueda ser España, por ejemplo, la mayor parte de la población no tiene siquiera la más remota idea de estas cosas y cuando muchos médicos dan consejos nutricionales sobre lo que es saludable o no, no suelen decir ni una palabra de estos temas. Suelen hablar de las ventajas del pescado y de los tipos de grasas cardiosaludables que contienen, pero es raro que adviertan de lo que hoy sabe la ciencia sobre sus contenidos no sólo de mercurio sino de otros tóxicos, como puedan ser los retardantes de llama bromados ,compuestos organoestánnicos, el hexaclorobenceno , naftalenos policlorados, dioxinas o los PCBs, por ejemplo. Científicos como Corbet y Poon , y tan sólo teniendo en cuenta el tema del mercurio, advierten que los beneficios que se atribuyen a la ingesta de pescado pueden ser contrarrestados sobradamente por estas cosas, si no se adoptan medidas preventivas sobre la cuestión. Es un ejemplo inmejorable de lo que decímos en el capítulo sobre el cáncer, acerca de la inadecuada consideración sanitaria de los contenidos de tóxicos en los alimentos y que también es aplicable aquí. Las organizaciones ecologistas, que cumplen un importante papel de concienciación, se han mostrado muy preocupadas por esta cuestíon ( 8 )

En relación al pescado, en concreto, hay algunos instrumentos utilizables, como el programa Ribepeix ( 9 ) que nos pueden permitir conocer los niveles de tóxicos de diferentes especies de pescado ,por ejemplo. De ése modo , podremos ajustar las cantidades de cada especie que podemos ingerir, siendo conscientes de las cantidades de tóxicos ingeridos que ello puede representar. No se trata necesariamente de evitar la ingesta de este tipo de alimentos, sino de establecer unas cantidades que minimicen el ingreso de contaminantes. Aunque aún muchos de nosotros no estemos familiarizados con este tipo de cuidados, deberíamos controlarlo del mismo modo que se hace actualmente con la ingestión de azúcares refinados o con los alimentos con un exceso de tipos de grasas no saludables, en incluso con la ingesta de calorías que a muchas mujeres trae de cabeza.

Cuando se presentó el programa Ribepeix que llevan adelante personas como Josep Lluis Domingo, catedrático de Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad Rovira i Virgili de Reus (Tarragona) o Joan María Llobet catedrático de Toxicología de la Universidad de Barcelona., con apoyo de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria se dieron unos datos muy interesantes acerca de los tóxicos que se habían detectado en 14 especies de pescado y marisco comunes. Por ejemplo el mercurio que había en el pez espada y el atún, y los PCBs o hexaclorobenceno que había en otras especies de pescado.

El programa se hace a imagen de otros semejantes que se aplican en otros países como Estados Unidos o el Reino Unido, poniendo una especial atención en sectores de población sensibles como las mujeres embarazadas, intentando que limitasen el consumo de algunas especies a un máximo semanal y ,en algunos casos , que se abstuviesen de ingerir algunas especies. Sin embargo, a pesar de lo serias y rigurosas que son algunas advertencias una buena parte de la población está absolutamente desinformada acerca de estas cosas. Eso sí, de vez en cuando, sí que se nos bombardea con alertas sanitarias de mucha menor trascendencia, en especial cuando suceden en países remotos como China. Mi consejo, querido lector, es que utilices instrumentos como el programa Ribepeix y no esperes a que ningún bombardeo de los medios de comunicación venga a decirte lo que es importante y lo que no.

A pesar de la conciencia existente sobre el indiscutible peligro de esta sustancia , sigue existiendo una notable polución por la misma . Pocas veces , no obstante, se habla de ello en la prensa ,como sucedió por ejemplo con la contaminación por mercurio que se dio en 2002 en el agua potable de 40 municipios de Tarragona , que la Generalitat de Cataluña achacó a la industria química Ercros situada en el pueblo de Flix o lo que se sucedió en la provincia de Huesca cuando se registraron una gran cantidad de daños en los hígados de los peces a consecuencia de los vertidos de una industria cloroalcalina ( 10 )

Entre los delitos atribuibles al mercurio están sus efectos nocivos sobre los fetos, los recién nacidos y los niños (daños en el desarrollo cerebral, por ejemplo), aparte de posibles efectos sobre riesgos cardiacos en adultos, así como daños en el sistema inmunológico y reproductivo. Tampoco conviene olvidar las investigaciones científicas que lo vinculan a dolencias tan dispares como el autismo ( 11 ) , el Alzheimer o la diabetes.

Diversos estudios asocian enfermedades como el autismo a metales pesados como el mercurio. En ese sentido cabe citar algunas investigaciones llevadas a cabo por la Universidad de Texas en los Estados Unidos sobre la incidencia de la enfermedad en zonas contaminadas. También en éste país se ha estudiado algunas formas peculiares de exposición a éste metal, como puede haber sido la utilización del tiomersal ,compuesto conservante con mercurio añadido a muchas vacunas, y su posible asociación a un incremento de los casos de autismo.

PLOMO

Otro metal pesado que ha generado gran preocupación internacional ha sido el plomo que ha sido liberado desde los carburantes, las emisiones industriales ,tuberías, pinturas, soldaduras, cables, recubrimiento de envases,…

Prosigamos mientras escuchamos una composición de uno de los más famosos intoxicados por plomo (  http://www.elmundo.es/elmundo/2008/09/04/valencia/1220531021.html   ): Beethoven. —– ——–Sinfonía 7 (Beethoven)

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beethoven3

El plomo es uno de los delincuentes químicos mejor identificados y sobre los que más se ha actuado en diversos países. Todo pese a que durante décadas la industria y los poderes políticos que la industria controlaba, a pesar de la existencia de una monumental evidencia científica, se aliaron para conseguir que hubiese una demora de décadas en la adopción de medidas. Se basaban en unos pocos informes , frecuentemente pagados por la industria, y sin ningún rigor , cuya importancia se sobredimensionaba a la par que se minusvaloraba la de la ingente cantidad de investigaciones que alertaban del riesgo. Hoy, como decía, se han acometido algunas medidas. No obstante sigue siendo una amenaza real que está muy lejos de haber desaparecido, pese a la mejoría apreciada en algunas zonas del planeta. En 2004 la Organización Mundial de la Salud advertía del riesgo que este metal pesado representa para al menos 120 millones de personas, en especial para los niños, a cuyo desarrollo mental puede afectar gravemente. La investigación sobre los efectos neurológicos de este metal pesado sobre la infancia, han arrojado algunos resultados sorprendentes, al haberse visto que puede propiciar cosas tales como la agresividad e incluso , por mucho que te sorprenda, lector, las conductas delictivas. Curiosamente , se trata de un delincuente químico que puede generar delincuencia.

 

EL PLOMO: UN DELINCUENTE QUÍMICO QUE PUEDE CAUSAR DELINCUENCIA

violencia1

El plomo es una de las sustancias más conflictivas para los niños de entre cuantas se han estudiado. Sobre ella se han realizado investigaciones realmente interesantes. Una de ellas, publicada por la revista Environmental Research y realizada por diversas instituciones como la Organización Mundial de la Salud , la Facultad de Medicina Mount Sinaí de Nueva York (EE.UU) , la Universidad de Gales (R.U) o ,entre otras, el Hospital Universitario la Princesa (España), atribuía a la presencia de altos contenidos de plomo en la sangre que se registraban en 4 de cada 10 niños nada menos que un 13% de los casos de retraso mental infantil leve. El coordinador para España del estudio anterior era el psiquiatra José Luis Ayuso, que comentaba que además de retraso, también se había asociado esa sustancia a problemas renales y de desarrollo, déficit de atención, hiperactividad e irritabilidad en los niños. Existen las más diversas investigaciones que prueban estas cosas, como la que publicase en 2006 la revista Environmental Health Perspectives, que mostraba como la presencia de altos niveles de plomo en la sangre estaban significativamente asociadas con el déficit de atención con hiperactividad en los niños ( 12 )

Pero lo que los estudios científicos muestran es todavía mucho más sorprendente. Por ejemplo el que, en Pensilvania (Estados Unidos) realizaron investigadores de la Universidad de Pittsburg, como el psiquiatra Herbert Needleman. Los científicos midieron los niveles de plomo que tenían 339 estudiantes. 145 de ellos no habían dado especiales problemas. Los otros 194 eran jovenzuelos que no tenían ese historial, sino que habían sido acusados de cometer algunos pequeños actos delictivos (13). Lo llamativo es que cuando se compararon los niveles de plomo que tenían unos y otros se vio que los jóvenes conflictivos tenían 11 ppm de plomo , y los otros sólo 1, 5 ppm (14). Y los hallazgos estaban al margen de si los chicos eran blancos o negros, por ejemplo.

En un estudio diferente, publicado en la prestigiosa Journal of the American Medical Association (JAMA), el propio Neddleman había observado una relación entre la agresividad y los niveles de plomo en los huesos de 800 niños de Pittsburg ( 15 ). Sobre este particular se han desarrollado otras investigaciones, confirmando el mismo tipo de cosas.

Pero uno de los estudios más interesantes al respecto, es acaso el realizado por científicos del Centro de Salud Ambiental Infantil de la Universidad de Cincinnati, en Ohio, que establecía que había una relación entre las concentraciones de plomo prenatales e infantiles con la comisión de actos criminales cuando esos niños llegaban a ser adultos jóvenes (16). Consideraban que la exposición temprana al plomo era un factor de riesgo para el desarrollo posterior de una conducta anti social.

La investigación se basaba en datos tomados a lo largo de 30 años. Entre 1979 y 1984 un estudio sobre el plomo en la ciudad de Cincinnati (Cincinati Lead Study) había tomado muestras de sangre de centenares de mujeres embarazadas que vivían en casas viejas contaminadas por el plomo de las pinturas y demás. También se medirían regularmente los niveles de plomo en la sangre de los niños una vez estos nacieron a lo largo de una serie de años. Finalmente se recabaron datos en los órganos judiciales acerca de cuantos de estos niños, después de haber alcanzado los 18 años de edad (y hasta octubre de 2005) habían sido detenidos en alguna ocasión. Los investigadores encontraron que aquellos que habían sido más expuestos al plomo antes del nacimiento y durante la niñez tuvieron mayor número de detenciones por diversos delitos , con especial significación en los delitos con violencia.

Probablemente pocos de nosotros sabemos gran cosa de por qué, por ejemplo, se prohibió el plomo en la gasolina, por qué se dictaron normas para eliminarlo de las pinturas o las conducciones de agua potable. Resulta sorprendente que , aunque mucha gente no lo sepa, una de las consecuencias de la toma de medidas como esas pueda ser una reducción de los índices de delincuencia. Pero así son las cosas. Así es el apasionante mundo de los efectos de las sustancias químicas sobre los seres vivos.

Se sabe que el plomo interfiere la formación de las sinapsis neuronales, que altera los sistemas ligados a la dopamina y la serotonina, y que reduce la actividad de la monoamina oxidasa A ,entre otras cosas. Sus efectos pueden causar diversas disfunciones neurológicas en zonas del cerebro que tienen que ver con la excitación, las emociones, el juicio o la inhibición de impulsos.

Lo que hemos visto es sólo una parte. Pero es un ejemplo de cómo los cambios químicos que el hombre produce en la Naturaleza pueden afectarnos mucho más de lo que pensamos. Aquí tenemos al plomo, una sustancia natural, pero que antes de nuestra intervención no se encontraba en tales niveles en nuestro entorno más inmediato. Estaba a lo mejor dentro de algunos minerales, y por supuesto que una parte debía llegar a nosotros, pero no había sido extraído de ellos para hacer tuberías o para convertirlo, entre otras cosas, en parte de la composición de pinturas o gasolina. Nosotros cambiamos ese estado de cosas y propiciamos que el plomo se hiciera más presente en nuestras vidas. Ya hemos visto algunas consecuencias. Todo por cambiar artificialmente los niveles y proporciones de un solo elemento de la Naturaleza. Imaginen lo que puede estar sucediendo no con un elemento, sino con decenas de miles de sustancias, buena parte de ellas sintéticas.

 

LOS METALES PESADOS COMO EJEMPLO DE UNA SITUACIÓN MÁS AMPLIA

Lo visto con el plomo es también un ejemplo de cómo en nuestras casas, por ejemplo formando parte de las pinturas, puede haber elementos tóxicos que pueden tener hondas repercusiones en nuestras vidas o las de nuestros hijos, sin que nos demos cuenta de ello. Cuan poderosos pueden ser los efectos de una sustancia sobre nuestras vidas. Todo debe hacernos reflexionar sobre lo que puede estar sucediendo con otras muchas sustancias , de algunas de las cuales nos ocupamos en otros artículos, sustancias que están en los plásticos de nuestros ordenadores y televisiones, en nuestras botellas de agua, en las pinturas de nuestros muebles, en los productos de limpieza, en los perfumes, en los cosméticos, en nuestros alimentos,… y que hoy , de modo semejante a lo que hemos visto con el plomo, pueden estar causando , como muestra una creciente literatura científica, los más diversos problemas mientras nosotros pensamos que no será para tanto. Recordemos lo que la ciencia ha publicado acerca de los retardantes de llama, los ftalatos, el bisfenol A,… y tantos otros venenos encubiertos. Recordemos lo que se sabe acerca del contenido de sustancias tóxicas en el polvo doméstico y sobre las liberaciones y emanaciones de las más diversas sustancias presentes en objetos y productos de uso cotidiano. Obviamente sus efectos no tienen que ser como los del plomo. Se sabe que los retardantes de llama pueden tener efectos neurotóxicos y afectar a la hormona tiroidea, además de poder estar implicados en malformaciones congénitas. También que otras sustancias como los ftalatos pueden estar implicadas en cosas tales como desarreglos hormonales, alergias ,asma infantil o la telarquia. Pero no puedo extenderme aquí sobre los muchos efectos de tantas sustancias.

Además , lo que hemos comentado nos lleva a otra reflexión y es que al hablar de los efectos que sobre la salud tienen sustancias como el plomo o el mercurio, no podemos olvidar que los efectos de tales sustancias pueden combinarse de uno u otro modo con muchas otras a las que estamos expuestos. Ello se ve claro al saber que son muchas las sustancias que pueden tener efectos afines o semejantes a los que antes hemos descrito. Por ejemplo, investigadores como Miquel Porta, David R Jacobs y Duk-Hee Lee, publicaron un interesante artículo en la Journal of Epidemiology and Community Health en el que demostraban que los niños en cuya sangre había niveles detectables de una serie de contaminantes orgánicos persistentes –tales como algunas dioxinas y furanos– tenían un mucho más significativo índice de problemas de aprendizaje y de déficit de atención que los que no tenían esa presencia de contaminantes ( 17 ).

Los efectos de los más diversos tóxicos, no sólo metales pesados, preocupan en especial cuando se habla de momentos especialmente sensibles de la vida humana, tales como el embrionario. Los más diversos informes advierten del riesgo que puede entrañar la exposición de las mujeres embarazadas a determinadas sustancias como puedan ser diversos pesticidas u otras como el éter de etilenglicol (asociado a defectos congénitos). Y , como no, en tales informes también se alude a sustancias como el mercurio, el plomo, el cadmio, el antimonio o el arsénico, entre muchas otras.

Uno de los efectos nocivos de las sustancias químicas en general que más han sido estudiados es el de la neurotoxicidad. Se han descrito efectos neurotóxicos de numerosísimas sustancias, los PCBs, acetona, hidrocarburos alifáticos, aluminio, amonio, anilina, hidrocarburos aromáticos, benceno, o, clordano, DDT, difenilamina, etanol, etilenglicol, formaldehído, piretroides, estireno, tolueno, triclorobenceno, tricloroetileno, cloruro de vinilo, xileno,… y como no, por ceñirnos a lo que ahora nos ocupa, también de metales pesados como el plomo , el mercurio o el cadmio ( 18 ).

Atención especial es lo que se observa en relación a la infancia. En noviembre del año 2006, los científicos Philippe Grandjean , de la Universidad del Sur de Dinamarca y Philip Landrigan, del Departamento de Medicina Comunitaria del Mont Sinai de Nueva York llegaban a describir lo que estaba sucediendo como una auténtica pandemia silenciosa” en un artículo que publicaron en la prestigiosa revista The Lancet, en el que mostraban con toda crudeza lo que están causando las más diversas sustancias, desde el plomo a los PCBs , pasando por el arsénico o el mercurio, entre muchas otras.

Sustancias que, en opinión de científicos como estos, podrían tener mucho que ver con cosas como que hoy uno de cada seis niños (por debajo de los 18 años) en los Estados Unidos padezcan una serie de trastornos de base neurológica que van desde el déficit de atención o la hiperactividad al autismo, pasando por dificultades en el habla o ciertos grados de retraso. No conviene dejar de relacionar todo esto con otras cosas que veremos en otros apartados, como sucede con los cánceres cerebrales infantiles. Anne Steinemann ,de la Universidad del Estado de Washington (EE.UU.) no tiene dudas acerca del papel de la polución química en el crecimiento fulgurante de una serie de enfermedades infantiles, entre ellas el autismo ,que habría crecido “un 1.000% desde mediados de los 80” ( 19 ) enfermedad que ,entre otros factores, ha sido ligada , como ya hemos visto, al mercurio por diversas investigaciones.

Los datos recogidos por las Pediatric Environmental Health Speciality Units (PEHSU), (20) muestran la dimensión que están adquiriendo las neuro-deficiencias infantiles, como que entre 1977 y 1994 hubiese crecido un 191% el número de niños que se encuentran en programas de educación especial , que haya cerca de un 17% de casos de niños con déficit de atención con hiperactividad o que se registre entre un 5 y un 10% de niños con problemas de aprendizaje. Al margen de otras posibles causas que pudieran tener algunos de los problemas citados, crece el número de científicos que encuentran conexiones de estos y otros problemas con las más diversas sustancias, que pueden estar presentes en los más diversos elementos ,desde alimentos a cosméticos, pasando por pesticidas, pinturas, etc.

Philip Landrigan , ha estado trabajando en los últimos tiempos en un ambicioso proyecto de investigación , el National Children´s Study, haciendo un seguimiento sobre más de 100.000 niños americanos desde su concepción hasta que cumplan los 21 años, con la finalidad de identificar todavía con mayor precisión los factores ambientales que inciden en las enfermedades que desarrollarán: defectos congénitos, cánceres infantiles, asma, obesidad, violencia, déficit de atención, autismo ,dislexia y otras dificultades de aprendizaje

Copyright Carlos de Prada

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NOTAS

 

1 España es además un país importante en relación al mercurio. Un importante porcentaje del que se ha utilizado en el mundo procede de las minas de Almadén (Ciudad Real). Últimamente se ha planteado convertir la zona en receptáculo internacional de residuos contaminados por mercurio.

 

2 Ejemplo de ello es la asociación española “Mercuriados” http://www.mercuriados.org/es/pag107

 

3 El Parlamento Europeo se ha mostrado partidario de eliminar el mercurio en el sector sanitario ,donde se emplea en aparatos e medición (termómetros, aparatos para medir la presión arterial,etc.). Aunque no se ha incluido a pequeños barómetros.

 

4 Lo hace como metil-mercurio.

 

5 No debe olvidarse el poder económico y político de la industria involucrada. El 55% de la actividad económica del sector químico español esta ligada a la producción de compuestos alcalinos de cloro. En España hay plantas de cloro que emiten mercurio como las de Solvay en Torrelavega (Cantabria), o Aragonesas en Vilaseca (Tarragona) y Huelva, entre otras.

 

6 Ver por ejemplo el estudio publicado en la revista sueca Ambio (200/). La OMS y la FAO han establecido una Ingesta Diaria Aceptable (aunque luego cada país establece sus propios niveles permitidos). La UE ,en concreto, ha establecido unos límites que no pocos científicos cuestionan.

 

7 Se han detectado altos niveles en pez espada, tiburón azul, marlín, marrajo, atún rabil, negrito, mero, etc. Otros estudios de la UE han confirmado con frecuencia presencia de altos niveles de mercurio en mero, cazón, marrajo, agujas, langostinos, emperador, etc.

 

8 Ver, por ejemplo, ejemplo de un informe reciente: http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article13543

9 Accesible en Internet http://www.fmcs.urv.net/ribepeix/index.htm

 

10 Raldua D et al. (2007) Mercury levels and liver pathology in feral fish living in the vicinity of a mercury cell chlor-alkali factory. Chemosphere. Jan 66 (7): 1217-26

 

11 Estudios ,como los de la Universidad de Texas (EE.UU.) evidencian una clara asociación entre el autismo y la exposición a determinados niveles de mercurio. Por otro lado, el Centro de Control de Enfermedades de EE.UU, e investigadores como Enayati A y Haley B (de la U. de Kentucky) advirtieron de la posible asociación entre el tiomersal ,sustancia con mercurio añadida como conservante en vacunas que han sido muy utilizadas, con el incremento de las casos de autismo, lo que obligó a la OMS a adoptar algunas medidas.

 

12 Braun JM et al. (2006). Exposures to environmental toxicants and attention deficit hyperactivity disorder in US children. Environ Heath Perspect 114: 1904-1909

 

13 Needleman et al.(2002). Bone lead levels in adjudicated delinquents: a case control study. Neurotoxicol Teratol 24: 711-717

 

14 El límite que se considera “normal” es de 1 ppm (unos 10 microgramos por decilitro de sangre).

 

15 Needleman HL et al. (1996). Bone lead levels and delinquent behavior. JAMA 275: 363-369

 

16 Wright JP et al. Association of prenatal and childhood blood lead concentrations with criminal arrests in early adulthood. Public Library of Science. Medicine. May 2008. Vol 5. Issue 5. 732-740

 

17 Lee DH, Jacobs DR, Porta M (2007). Associations of serum concentrations of persistent organic pollutants with the prevalence of learning disability and attention deficit disorder. J Epidemiol Community Health. 61: 591-596.

 

18 OSE 2006, pg 349

 

19 Steinemann A. (2005) La exposición humana y los peligros para la salud. Parte 2. Edición Electrónica en Castellano de Rachel´s Environment & Health News 811. Salud y Medio Ambiente. Boletín Informativo 811. Peter Montague Editor.

 

20 Citados en el informe del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) del año 2006, pg 348.

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Dudas tóxicas

 Es evidente que hoy no existe la adecuada conciencia entre la población acerca de estas cuestiones. Ello no deja de ser llamativo ante la dimensión del problema sanitario que estamos describiendo , la enorme cantidad de estudios científicos realizados , y los reiterados llamamientos de tantos investigadores. ¿Por qué?. ¿Por qué sigue existiendo también una legislación altamente ineficiente? ¿Por qué se siguen aplicando unos sistemas desfasados de evaluación toxicológica?. ¿Por qué se anteponen los intereses de la industria a los de la salud de las personas?. ¿Por qué , marginando toda prevención, se supone que toda sustancia química es inocente hasta que una carga tremenda de pruebas , pruebas que suelen ser ya la enfermedad y muerte de muchas personas, demuestra lo contrario?. ¿Por qué incluso en ese caso es frecuente que la industria siga negándolo, demorándose a veces durante décadas la prohibición o el debido control, mientras la gente sigue enfermando e incluso, según los casos, muriendo?.

Para respondernos ésas y otras preguntas es importante conocer el cómo. Cómo algunas industrias consiguen todos esos “logros”, en contra de la evidencia científica. No lo consiguen precisamente improvisando sino aplicando unos protocolos perfectamente establecidos. La aparición de una investigación científica que cuestione uno de sus productos es para ellos como la aparición de un foco de fuego en un bosque. Si no se sofoca enseguida el incendio puede extenderse. Para conseguirlo tienen contratados a “bomberos” muy curtidos en estas lides. Empresas con muchos contactos a todos los niveles y especializadas en “gestionar” este tipo de situaciones. Su especialidad es fabricar dudas que desdibujen la percepción de un riesgo, que lo minimicen, que lo atemperen hasta reducirlo a la nada. Que desactiven cualquier estado de alerta de la sociedad. Son empresas especialistas , como ellas a veces gustan en definirse, en manipular las “percepciones” que tenemos de las cosas. Son como la tinta que arrojan los calamares –las industrias- para que nada se vea claro y así poder ponerse a salvo.

Como se titula un libro de David Michaels acerca de estas cuestiones: La duda es su producto. El libro se subtitula Cómo los asaltos de la industria sobre la ciencia amenazan su salud, y en él se desgranan muchos casos reales que nos muestran cómo pueden diluirse las cosas que la ciencia descubre. Se habla incluso de cómo se crea , ad hoc, una nueva clase de pseudociencia que les permite, valiéndose de sus abundantes recursos económicos, crear sus propias “verdades” aparentes con las que contrarrestar el efecto de las investigaciones científicas que les perjudican. Crear la apariencia falsa de que hay controversia científica sobre temas en los que, realmente, no la hay. Y cómo ésas situaciones de confusión ,juntamente con una sutil y no tan sutil forma de influir o controlar a algunos políticos y administraciones, por no hablar de medios de comunicación, son aprovechadas para retrasar, descafeinar o incluso hacer naufragar por completo los intentos de prohibir o regular algunas sustancias.

Se realizan informes pagados por la industria, se prepara a portavoces , muchas veces “científicos”, para que digan una serie de cosas clave perfectamente diseñadas, se preparan encuentros con personas de la Administración y líderes públicos, se montan programas de televisión o de radio, se escriben artículos en la prensa, se dan charlas y conferencias, se presiona a periodistas, se adoctrina a empleados de las fábricas implicadas, se monitoriza lo que hacen las agencias reguladoras, los médicos, los ecologistas, se editan boletines, se desarrollan apoyos políticos,…

En el libro citado se detalla el trabajo de gigantes de las “relaciones públicas”, especialistas en gestionar situaciones de crisis de las grandes corporaciones. Empresas que ayudaron mucho ,por ejemplo, a las grandes tabaqueras a manufacturar dudas sobre los efectos del tabaco, sirviéndose para ello del “impagable” servicio de algunos llamados científicos, y que luego se lanzaron a apoyar a otras multinacionales aún más poderosas.

Es realmente alucinante leer como estas empresas se jactan de haber conseguido, por ejemplo ,como se cita en uno de los informes en el capítulo de “logros”, cosas como que el amianto siguiese produciéndose “a pesar de la validez de muchas de las reclamaciones hechas contra el amianto y los esfuerzos de varios grupos por eliminar el material de nuestra sociedad”. Si saben algo sobre las dimensiones de los daños causados por este material -cientos de miles de muertes- se darán cuenta de lo que representa jactarse de haber ayudado a que siguiera utilizándose durante décadas a pesar de la existencia de tantísimas investigaciones científicas rigurosas que denunciaban sus peligros. Otra victoria de la que se jactaban era, por ejemplo, haber conseguido que sus propios clientes “como resultado de cerca de 400 entrevistas en los medios de comunicación en unos cinco meses se estableciesen a sí mismos como una autoridad en la investigación en las dioxinas”. Es decir, que habían conseguido que las industrias apareciesen ante el público como los mayores sabios en la cuestión y verdaderas autoridades a la hora de establecer si las dioxinas eran buenas o malas para la salud y hasta que punto. Con cosas así consiguieron debilitar las normas en relación a las dioxinas, unos venenos potentísimos. Logros semejantes se jactaban de haber tenido con casos que tenían que ver con el cloruro de vinilo, incineradoras de residuos, fluorocarbonos (por que adelgazaban la capa de ozono), la sacarina, casos de contaminación de aguas subterráneas, el cromo 6, el benceno, diversos fármacos que habían producido graves efectos,…

Este tipo de cosas siguen sucediendo cada día a lo largo y ancho del planeta. Una de las batallas más encarnizadas de los últimos años han sido los esfuerzos por aprobar en la Unión Europea la normativa REACH para el control de las sustancias químicas. Es una lucha constante. ¿O es que creen ustedes que la industria química , uno de los entramados corporativos más extensos y poderosos del orbe, va a quedarse de brazos cruzados y va a aceptar sin más, lo que digan los científicos?

Son los propios científicos ,con frecuencia, los que denuncian los peligros del poder corruptor de la ciencia que pueden tener las grandes corporaciones. Y lo denuncian porque sus efectos sobre la salud de millones de personas pueden ser terribles. Hace unos pocos años un científico llamado Egilman publicó un artículo en una revista técnica que se titulaba así: Corporate Corruption of Science. En él denunciaba los peligros de un sistema económico que “produce enfermedad, por que sus reglas políticas, económicas ,regulatorias e ideológicas priorizan el valor del beneficio sobre el de la salud humana y el bienestar ambiental. Y la ciencia es una parte del sistema , existiendo una tradición considerable de manipulación de evidencias, datos y análisis ,diseñados finalmente para mantener unas condiciones favorables para la industria(1). En esta situación las industrias pueden beneficiarse y cuando se producen daños rara vez tendrán que pagar por ellos (se asume que es algo que tendrá que abonar finalmente el conjunto de la sociedad , tanto en dinero –de gastos médicos, indemnizaciones, subsidios, etc.- como en sufrimiento).

Se citan casos como el de la industria del plomo, que utilizó durante décadas determinados informes “científicos” consiguiendo décadas de retraso en la adopción de medidas. Casos en los que durante años y años, se esgrimieron una serie de peculiares informes ,muchas veces pagados por la propia industria, que el tiempo juez inexorable , se ha encargado de dejar en su lugar. Por mucho que quienes defendían tales “estudios” engolasen la voz con términos académicos debía ser evidente para ellos su falsedad. Una falsedad que hoy, desvanecida la tinta de calamar, es evidente para todos, como también lo era en su momento para los científicos serios que los cuestionaban. Aunque los informes objetivos que señalaban los riesgos fuesen más numerosos y realizados por instituciones mucho más prestigiosas, bastaba que hubiese unos pocos informes , que se aireaban convenientemente en los medios de comunicación (mucho más que los informes serios, de los que la opinión pública apenas se enteraba) , para que determinadas autoridades –por razones que ya podrán sospechar- tuviesen la excusa de oro para decir que existían “dudas”. Muchas veces era tan sólo eso lo que se buscaba, ganar tiempo mientras la industria iba buscando alguna salida. Cómo antes decíamos, al final el tiempo juez inexorable daba o quitaba razones, pero a lo largo de ése tiempo seguían produciéndose más y más daños.

 

NOTAS

 

1 Egilman DS et al. Corporate corruption of science. Over a barrel: corporate corruption of science and its effects on workers and the environment. Int J Occup Environ Health 2005; 11: 331-337

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A continuación hago un muy breve repaso orientativo de algunas de las fuentes de contaminación química en España.

Entre las industrias más conflictivas se sitúa, sin duda, la del cloro. Este tipo de industria, como otras, no es sólo un problema en sus puntos de fabricación sino en muchos de sus productos finales, como veremos en su momento. La industria del cloro –que en España tiene fábricas en lugares como Pontevedra, Torrelavega, Guipúzcoa, Monzón, Sabiñánigo, se ha ganado a pulso aparecer en esta lista. Esta industria , una de las más fuertes en el ámbito de la industria química, tiene muchas ramificaciones , ya que las sustancias cloradas se utilizan en los más diversos sectores como el de los plaguicidas, los disolventes, o el papelero. Y por supuesto, en el de los plásticos, como el PVC del que hay fábricas en Hernani, Monzón, Vila-Seca o Martorell . La historia de conflictos ligados a este tipo de industrias –por las denuncias habidas sobre su contaminación con dioxinas, hexaclorobenceno, mercurio, etc.- es larga.

Capítulo aparte merecería la industria papelera. Han corrido ríos de tinta sobre los más diversos episodios de contaminación grave ocasionados por tales instalaciones que suelen generar fuertes campañas de oposición de la población allí donde se asientan. Desde las papeleras no es raro que se emitan al medio ambiente compuestos tóxicos como las dioxinas. En España hay grandes papeleras en lugares como Huelva, Pontevedra, Navia, Torrelavega o Sangüesa, por ejemplo.

Otro tipo de instalaciones conflictivas son las plantas incineradoras que tanta polémica han levantado en España y fuera de España. En España han dado mucho que hablar la gallega de Cerceda, la vasca de Zabalgarbi (Bilbao), las catalanas de Vielha (Lérida), Gerona , Sant Adriá del Besós (Barcelona), Mataró (Barcelona), Tarragona, o Constantí (Tarragona), la balear de Son Reus (Mallorca), u otras como la madrileña de Valdemingómez. Durante mucho tiempo ha habido grandes campañas de oposición a este tipo de instalaciones de tratamiento de residuos, fuesen estos Residuos Sólidos Urbanos o residuos industriales, por las emisiones que generan de contaminantes como dioxinas y furanos. De hecho las incineradoras son una de las principales de emisión de tóxicos extraordinariamente peligrosos como las dioxinas que acaban contaminando el entorno ,llegándonos posteriormente, por ejemplo, a través de la dieta. El 90% de la exposición humana a las dioxinas es a través de los alimentos ( un 80% de la exposición total por alimentos de origen animal).. Investigadores como el neurotoxicólogo ambiental Eduardo Rodríguez Farré, presidente de Científicos por el Medio Ambiente (CIMA), han seguido de cerca esta problemática denunciando las altas emisiones de dioxinas generadas desde instalaciones como la incineradora de Valdemingómez en Madrid (1) . Es particularmente interesante revisar estudios como los que muestran como crecían las concentraciones de dioxinas y furanos (2) , más de un 40% en tan sólo 4 años, en la sangre de las personas que vivían en un radio –entre Arenys de Mar y Mataró (Barcelona)- entorno a una planta incineradora una vez esta comenzó a funcionar (probablemente por la contaminación de la dieta). En Francia ,por ejemplo, se planteó el cierre de incineradoras como la de Lille, tras detectarse altos índices de dioxinas en la leche de las vacas en su entorno. A veces, en pocas ocasiones, la evidencia científica hace que las autoridades actúen o que al menos reconozcan algo de la situación aunque luego lo que se haga en realidad sea poco. Así por ejemplo, en el año 1998 , el Ministerio de Medio Ambiente de Francia reconoció que en ése país ,cada año, fallecían entre 1.800 y 5.200 personas a consecuencia de cánceres debidos a la exposición a un grupo concreto de sustancias tóxicas: las dioxinas. Lo importante de esta cifra ,al margen de la dificultad de realizar estimaciones, y de lo acertada que pueda ser o no, es que se refiere a un único grupo de sustancias. Por que el problema tiene que ver con numerosos grupos de ellas en los que se integran miles de compuestos diferentes. Sin embargo, a pesar de lo que se sabe sobre las dioxinas ni en Francia (más allá de alguna actuación puntual) ni en general en el resto de países se ha actuado debidamente para reducir las emisiones de estas sustancias. La incineración es un próspero negocio para ciertas empresas de bienes de equipo ,constructoras, eléctricas y bancos accionistas, que se benefician de los ingresos por cada tonelada de residuos que queman, de subvenciones, de venta de electricidad, etc. Tan próspero es el negocio , no para la sociedad en su conjunto claro está, para la cual la incineración es una opción carísima a nivel económico, sino sólo para unos cuantos, que se van venido a sumar otros. Desde hace años se ha extendido la incineración de residuos tóxicos en plantas cementeras para abaratar los gastos en combustible en estas instalaciones a base de utilizar como tal plásticos (como los envases de pesticidas), aceites de automoción, neumáticos, etc., aparte de percibir ingresos como gestores de residuos. Se denuncian emisiones de PCB, dioxinas, furanos, plomo, cadmio, mercurio, etc. Entre las cementeras que se denuncia que incineran residuos, se cuentan algunas de Bilbao, Arrigorriaga, Venta de Baños, Buñol, Sant Vicente del Raspeig, Lorca, Yepes, etc..

No hay que olvidar, por supuesto, otras industrias más clásicamente asociadas a denuncias por contaminación, tales como la metalúrgica En España hay plantas en Avilés, Reinosa, Santander, Amurrio, Basauri, Azcoitia o Bergara. El hecho de que cada vez haya más de estas instalaciones que se dediquen también a la fundición de metales reciclados, de procedencia nacional e internacional, añade más preocupación. Ya que ,además de los contaminantes más tradicionales, puede sumarse la presencia de infinidad de muchos otros contenidos en aceites, pinturas, plásticos,… incluso elementos radiactivos que han generado más de un susto en estas instalaciones.

Desgranar la cantidad de sustancias tóxicas que se emplean en muchas industrias sería excesivamente prolijo , pero voy a intentar , a través de un ejemplo, que puedan hacerse una idea. Pensemos en la industria textil (3). Dejando a un lado los pesticidas agrícolas que ya puede llevar el algodón de partida o los ectoparasiticidas que puede portar la lana, pongamos por caso, en todo el tratamiento de los tejidos se emplea frecuentemente una abundantísima cantidad de sustancias tóxicas. Entre ellas podemos citar los alcoholes y alquilfenoles etoxilados de los detergentes con los que se limpia la lana, sin descartar a veces el uso del cancerígeno disolvente tricloroetileno. Para poder hilar mecánicamente se lubrica con aceites minerales, que pueden ser fuente de hidrocarburos aromáticos policíclicos. Para almacenar los hilos y que se conserven bien, suelen emplearse bactericidas y funguicidas. Para que luego, en los telares, no se rompan los hilos se usan colas químicas que de nuevo pueden ser portadores de sustancias conflictivas. Y después, claro está, hay que desencolar los tejidos con más tratamientos químicos o blanquearlos con cloro, pudiendo dar pie a la generación de triclorometano y dioxinas. Y para que hablar del proceso de tintura y estampación donde puede aparecer el temido cromo 6, bencenos, ftalatos, hidrocarburos aromáticos, etc. Y, en fin, por no extendernos y para concluir, en el acabado suelen añadirse algunos biocidas, retardantes de llama, y demás.

En resumen, un proceso en el que pueden usarse una larga lista de sustancias químicas tóxicas que en algún caso podrían perjudicar la salud de los trabajadores (4) o acabar, por ejemplo, contaminando las aguas de vertido de las factorías. Desde el tratamiento con el irritante y carcerígeno formaldehído para evitar que la ropa encoja y fijar en ella colorantes y pigmentos, a compuestos organoestánnicos usados como estabilizantes en el PVC (con posibles efectos inmunotóxicos y sobre el desarrollo en mamíferos), pasando por detergentes industriales que contienen alquilfenoles etoxilados (de efectos hormonales), por no citar el plomo que se ha empleado en pinturas y también como estabilizante en PVC (con efectos en sistema nervioso infantil), o el cadmio usado en pigmentos y como estabilizante (clasificado como cancerígeno).

No obstante, ya lo hemos dicho, la textil no es sino una más de las muchas industrias conflictivas. El que hayamos detallado algo más lo que sucede en ella no implica que no las haya peores. Podríamos hablar mucho, por ejemplo, de las industrias productoras de pesticidas. En España, tenemos buenos ejemplos de ello, como el de la empresa Inquinosa del que tanto se habló hace años. Estaba emplazada en la localidad de Sabiñánigo, en el Pirineo de Huesca, un lugar que acaso pareciera más idóneo para otras actividades que desentonaran menos con los paisajes. Y a las orillas de uno de los río más importantes de Aragón, el río Gállego, cuyas orillas contaminó en diversos puntos con decenas de miles de toneladas de hexaclorociclohexano (HCH) generadas como residuos de la fabricación del pesticida lindano. Se produjeron vertidos deliberados y gigantescos en simples basureros municipales e incluso se especuló con que una parte se hubiera destinado a relleno para la construcción de carreteras.

En algunos lugares de España, como en diversos puntos de la Comunidad Autónoma Vasca, el problema de la contaminación de los suelos ligado a la producción de lindano es especialmente serio. En la zona de la ría de Bilbao, hay incluso áreas fuertemente contaminadas sobre las que se ha construido. Algo semejante ha sucedido en otros sitios como en Porriño (Pontevedra).

Otra fábrica de pesticidas que ha dado que hablar mucho recientemente es la de Montecinca, en Monzón (Huesca), que habría contaminado fuertemente las aguas del río Cinca con DDT. La asociación ecologista Greenpeace denunció haber detectado 3.000 veces el límite “permitido” por la Confederación Hidrográfica del Ebro, según los análisis que realizó la Universidad Autónoma de Madrid . Esa fábrica produce el pesticida dicofol , utilizando DDT en el proceso. El dicofol ,además, es famoso mundialmente por ser citado en el libro Our Stolen Future (Nuestro Futuro Robado), cuando alude a las deformidades sexuales en cocodrilos del lago Apopka (Florida).

Especialmente conflictivos son una serie de lugares de la geografía donde se concentran muchas industrias . Uno de los casos más patentes lo tenemos en la ciudad de Huelva , que no solo es un problema considerable a escala nacional, sino que puede ser considerada sin duda alguna como uno de los mayores puntos negros de contaminación a escala europea. Huelva tiene unos potentes polos químicos – petroquímica, fosfatos, papeleras, metalúrgicas,…- y unas balsas de residuos con fosfoyesos radiactivos con aguas ácidas, de una extensión similar a la de la ciudad. En su atmósfera se han detectado preocupantes niveles de arsénico y otras sustancias diversas que pueden producir cáncer y daños respiratorios diversos, desde la bronquitis crónica al asma enfermedad que tiene en esta ciudad la incidencia más alta de España, un 14%. En el aire, el suelo ,las frutas y algunos alimentos marinos, se ha detectado la presencia de pesticidas organoclorados como el DDT (y su metabolito el DDE) y se usan otros como endosulfán, lindano, clordano, dieldrín , aldrín, aparte de haber dioxinas, PCBs y hexaclorobenceno.

Pero la lista de lugares que ,por diversos motivos, deben llamar nuestra atención es muy amplia: Tarragona, Puertollano, Cartagena, Martorell, Flix, … Tantos lugares que ,por razones de espacio no podemos citarlos. Por ello ,debe tenerse presente que los sitios que enumeramos no son sino una pequeña muestra de los muchos núcleos con industrias contaminantes que hay diseminadas por todo el país.

Industrias como las citadas y otras emiten a la atmósfera , a las aguas o suelos, grandes contingentes de sustancias. En un reciente informe de Greenpeace ,basado en datos oficiales, se apuntaba que la industria española reconoce el vertido al agua de un millón doscientas mil toneladas de contaminantes al año ( y eso que el dato se refiere sólo a 44 sustancias peligrosas de las miles que hay (5)).

Uno de los asuntos más preocupantes que no se cansan de denunciar asociaciones como la citada, es la patente debilidad de la Administración española frente a estas industrias. El grado de permisividad oficial es sencillamente escandaloso. Así, por ejemplo, aunque diversos responsables, de un color político u otro, no hayan cesado de afirmar que en España iba a aplicarse el principio de que quien contamina paga , en nuestro país prácticamente el 100% de la restauración de suelos contaminados es pagada con fondos públicos, frente al 7% de Francia.

Caso notable es el de los vertidos de la empresa Ercros en Flix (Tarragona) –donde hay un “islote” de 700.000 toneladas de lodos tóxicos (con DDT, PCBs, HCB, mercurio, etc.)- cuya descontaminación se prevé que cueste 200 millones de euros , de los que muy pocos iba a pagar la empresa. Pero mucho más célebre fue lo que pasó con el vertido de millones de metros cúbicos de lodos tóxicos en el entorno del Parque Nacional de Doñana en abril de 1998. La empresa sueca titular de las minas desde las que se produjo el vertido no solo no pagó nada de los cientos de millones de euros de dinero público que se invirtieron en la limpieza de la zona, sino que , después de cobrar subvenciones cuantiosas, acabó marchándose de España dejándonos en el paro a cientos de trabajadores, y dejándonos como regalo ,además de miles de hectáreas contaminadas con metales como el arsénico, la bomba de relojería del montón de residuos acumulados que amenazan los acuíferos de la zona. La pasado más de una década de aquel vertido y siguen detectándose niveles de arsénico, plomo, cadmio, y zinc en las hojas de los árboles de la zona afectada. Ha habido , no obstante, otros ejemplos de lo mismo, con mayor o menor entidad, con unos u otros matices. Como el del empresario textil Puigneró ,en Cataluña, que acabó sin pagar adecuadamente por sus reiterados vertidos tóxicos, siendo protegido por algunas instancias oficiales. Los casos que podrían citarse sobre la permisividad e incluso la connivencia oficial con la contaminación industrial son innumerables. Para conocerlos basta a veces con repasar ,por ejemplo, algunas manifestaciones contenidas en las memorias anuales de la Fiscalía General del Estado en los apartados referidos a los delitos ambientales y en las que se llega a denunciar casos de funcionarios de la Administración que avisaban a los infractores de actuaciones judiciales, facilitando que pudieran sustraerse a la actuación de la Justicia.

  RESIDUOS TÓXICOS Y PELIGROSOS

 

La problemática ambiental de la industria va mucho más allá de los casos más sonados o de aquellos en los que puedan denunciarse situaciones más o menos irregulares. Hay grandes problemas que forman parte de una norma que se asume sin más como si fuese algo “natural” e inevitable. Como el de la generación cotidiana de una ingente cantidad de residuos industriales.

Tan sólo en España se generan cada año, como consecuencia de la actividad fabril, millones de toneladas de residuos industriales, en buena parte tóxicos y peligrosos. Millones de toneladas. Y eso que la cifra nacional de residuos tóxicos y peligrosos no suele incluir los residuos de la minería (frecuentemente con inquietantes metales pesados, como los del célebre vertido de Doñana). Porque de incluir estos la cifra se multiplicaría extraordinariamente.

Hasta hace no mucho apenas había control alguno sobre estos residuos. Consecuencia de ello son situaciones, por ejemplo, como las cientos de miles de toneladas de residuos de la fabricación del pesticida lindano que persistirán durante mucho tiempo en los suelos en diversos puntos del País Vasco, como también persistirán los famosos lodos tóxicos con metales pesados que se vertieron sin control , hasta el punto de rellenar con ellos por completo la Bahía de Portman (Murcia) . Podríamos citar muchos otros casos que han dejado contaminados muchos rincones de nuestra geografía.

También es preocupante que, en la transición desde la falta de control casi total que existía, a otra con un control mayor pero nunca suficiente, se denunciasen situaciones fraudulentas preocupantes. Una de las más sonadas, por sus dimensiones, se dio en Huelva con el vertido de ingentes cantidades de residuos de ácidos débiles con metales pesados, procedentes del Polo Químico de la ciudad, en simples escombreras de minas de las sierras onubenses y sevillanas que tras filtrarse y rezumar desde ellas acababan en los ríos y el mar. Todo ello dentro de unos planes oficiales que se vendieron a la opinión pública como “modélicos” para la regeneración de la ría de Huelva.

Pero el problema va más allá de las situaciones irregulares y se extiende a aquellas, parece que ahora más generalizadas, en las que se juzga que hay “control”. Y es que es evidente que el que hoy en día buena parte de esos millones de toneladas de desechos acaben en instalaciones de “gestión”o “tratamiento” –como puedan ser vertederos industriales, incineradoras, cementeras u otras- tampoco debería movernos a una excesiva complacencia. Para que comprendan lo que les digo les recomiendo que visiten si pueden alguna de estas instalaciones donde se “gestionan” estos residuos, como el colosal vertedero tóxico de Nerva (Huelva) , en el que se amontonan cientos de miles de toneladas de los más variados residuos tóxicos y peligrosos, sin más “gestión” que su enterrado con dudosísimos sistemas de aislamiento. Son instalaciones con una serie de riesgos evidentes –que no excluyen combustiones espontáneas, e incluso explosiones por la mezcla de compuestos, fugas, lixiviados y otras posibilidades, como las derivadas de catástrofes naturales-, que, además, dejan marcados a los territorios en los que se emplazan dificultando mucho sus perspectivas de futuro.

Hay un problema de base que nace de un error de partida. El error de , no habiendo prevenido en origen la producción de una serie de residuos peligrosos y ,dando esto por bueno, conformarse luego con “gestionarlos”. Es lo que se denomina una “solución” de “final de tubería”, que convierte en negocio la existencia de un problema en lugar de prevenirlo. En definitiva vivir del problema y no de su solución. Hoy en día el negocio de la “gestión” de los residuos es extraordinariamente próspero, uno de los más boyantes en Occidente, ya que la producción de estos no para de crecer. Pero habría que plantearse si es lo más inteligente permitir que los montones de residuos sigan creciendo o que estos sean quemados –en incineradoras o cementeras- con los riesgos de emisiones que ello trae consigo.

No obstante, no debemos olvidar que no solo los residuos de las grandes industrias , aunque estos sean más aparatosos o llamativos, representan un problema. Por cuestiones de espacio no podemos extendernos mucho , pero no conviene dejar de citar otras cuestiones, como los miles de basureros urbanos , grandes y pequeños, que durante mucho tiempo funcionaron y que hoy en día, aunque hayan sido clausurados buena parte de ellos, siguen representando un problema. Durante años se vertieron en ellos todo tipo de elementos, además de la materia orgánica, desde pilas con mercurio o cadmio hasta electrodomésticos o recipientes con materias peligrosas que permanecen ahora bajo tierra pero que, a través de su filtración, siguen rezumando hacia las aguas superficiales y subterráneas por ejemplo.

En cualquier caso, y por volver al argumento anterior acerca de las grandes fuentes de polución, fijarnos solo en la contaminación de grandes industrias y olvidar la suma de la que generan otras muchas empresas menores, e incluso la que podemos producir desde los propios hogares, por ejemplo a través del alcantarillado urbano, sería desenfocar la cuestión.

NOTAS

1 “Toxicidad ambiental y salud pública: el paradigma de las dioxinas y agentes polihalogenados afines”. Rodríguez Farré E. II Congreso de Medicina Ambiental (Brunete, Madrid. Junio de 2008).

 

2 Porta M et al. Concentraciones de compuestos orgánicos persistentes en la población española: el rompecabezas sin piezas y la protección de la salud pública. Gac Sanit 2002; 16 (3): 257-266

 

3 Ver, por ejemplo, informes como el del “tratamiento de textiles y sus repercusiones ambientales” de junio de 2005, de la asociación Greenpeace.

 

4 Uno de los casos más sonados en España fue el síndrome Ardystil, que dañó la salud de trabajadoras textiles de Alcoi (Alicante). Con motivo de aquello se citó ,como también sucedió en el caso del síndrome tóxico, el nombre de la multinacional Bayer , pero como suele pasar , nada fue concluyente.

 

5 Registro Estatal de Fuentes Contaminantes (EPER)

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Información novedosa sobre los efectos de numerosos productos químicos sobre la salud humana. Revise las siguientes entradas y encuentre últimos artículos publicados en el blog sobre este tema.

2- TÓXICOS Y SALUD

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 Ante las recientes medidas adoptadas en el Parlamento Europeo en aras del control de los pesticidas, les suministro unos datos importantes sobre estas problemáticas sustancias.

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Los pesticidas merecen ser citados aparte como problema de contaminación. Son acaso el mejor ejemplo de cómo la industria no solo puede generar tóxicos de forma indeseada sino al contrario, perfectamente consciente, como producto final que vender. En otros artículos les muestro ejemplos de productos industriales finales que portan tóxicos , como puedan ser, por ejemplo, pinturas, plásticos, tableros conglomerados e incluso perfumes o ambientadores. Pero en el caso que nos ocupa lo llamativo es que lo que se produce y vende deliberadamente es abiertamente un veneno que ha sido concebido como tal. Aunque la idea con la que se concibiesen fuese dañar otros seres vivos diferentes de los seres humanos al final el resultado ,como veremos, demasiadas veces, ha sido otro.

En realidad ésta última apreciación que acabo de hacer es probable que mereciera algunos matices, si consideramos que una de las primeras aplicaciones que llevó al diseño de este tipo de productos fue precisamente la bélica , como se vio con motivo de la Primera Guerra Mundial. La guerra dio un empujón al desarrollo de este tipo de venenos, que siguieron produciéndose durante la Segunda Guerra Mundial aunque no se atrevieran a utilizarlos (acaso por temor a represalias semejantes). Finalizadas esas contiendas se potenciaron otros usos de algunos de los venenos producidos.

Cuando en otros apartados nos ocupemos de hablar de algunas enfermedades y de los estudios que las vinculan a algunas sustancias ,los veremos aparecer con frecuencia. Son una de las fuentes de exposición a sustancias tóxicas contaminantes que más preocupan. Con la particularidad de que, a diferencia de otras sustancias, estamos ante venenos que el hombre disemina de forma plenamente consciente y deseada por el planeta.

Hay diversos tipos de pesticidas, cada uno con su particular problemática, tales como los organofosforados, los organoclorados (como el DDT, el clordano, el lindano o el dieldrin) o los carbamatos, por ejemplo. Sus aplicaciones son muy diversas: herbicidas, insecticidas, funguicidas, acaricidas,…

En España en concreto el hombre esparce deliberadamente cada año decenas de miles de toneladas de plaguicidas. Lo hace , por supuesto, sobre los cultivos, especialmente los intensivos, pero no sólo sobre ellos. Andalucía es la Comunidad Autónoma que más consume, aunque las mayores cantidades por hectárea, a nivel puntual, se den en algunos cultivos de Canarias. También se esparcen sobre áreas sin cultivar como puedan ser ,por ejemplo, las fumigaciones contra la langosta que se efectúan regularmente en zonas de Extremadura o Salamanca. Miles de hectáreas de pinares son fumigadas también cada año para combatir plagas como la de la procesionaria. Se usan profusamente para matar las hierbas de las cunetas de las carreteras o vías de tren. Más de una ciudad es fumigada , como es el caso de Badajoz, con productos como piretrinas ,a causa de los mosquitos (1) . También , y con una gran intensidad, se fumiga en los parques y jardines, como puedan ser los de las áreas residenciales (en muchas urbanizaciones ,así como en campos de golf, el uso de plaguicidas no tiene nada que envidiar al de algunas áreas agrarias). Nicolás Olea ,catedrático de Medicina de la Universidad de Granada, denunciaba en una reciente conferencia como algunos de los pesticidas cuyo uso se prohibía su uso para las cosechas, por los residuos de ellos que luego quedaban en los alimentos, se estaban derivando a usos como la jardinería, lo que estaba creando situaciones de exposición inadvertida a sustancias peligrosas (2). Hay casos de una muy potente utilización de pesticidas en entornos urbanos. Un ejemplo en España es el de lugares como Elche (Alicante) donde se producen fuertes fumigaciones en los palmerales para combatir plagas como la del célebre picudo rojo (un insidioso escarabajo importado). Incluso en las piscinas se usan profusamente pesticidas para matar los hongos, por ejemplo. Y por supuesto, en los hogares ,centros de trabajo, hospitales, hoteles e incluso aviones o vagones de tren y, en muchos casos, no cuando se detecta un insecto, sino según un calendario regular, por ejemplo, todos los meses.

No convendría olvidar, tampoco, por supuesto, el uso directo de pesticidas aplicados sobre el cuerpo humano. Por ejemplo, el lindano y otros productos que se han estado usando en las cabezas de los niños en las lociones anti –parasitarias (donde ahora siguen utilizándose más comúnmente otro tipo de pesticidas). E incluso , como sucedía hace unas décadas, en simples colonias con DDT, usadas diariamente como prevención. Aunque algunos de estos usos ya no se den del mismo modo los tóxicos empleados, por su carácter bioacumulativo, siguen en nuestros cuerpos y en los de nuestros hijos.

Ante el escenario descrito, el de un uso generalizado y alegre, no parece fácil a priori escapar al riesgo de verse expuestos a estas sustancias ,sea a través de la dieta, especialmente en el caso de las más bioacumulativas, u otras posibilidades como las de la exposición directa a la que no solo son acreedores los aplicadores sino ,por ejemplo, cualquier persona que respire en un local recientemente fumigado (más adelante hablaremos de las numerosas intoxicaciones que se han dado en edificios públicos, tales como hospitales). Sobre todo si tenemos en cuenta que , a pesar del conocimiento científico que existe acerca de los riesgos de muchas de ellas, su consumo no para de crecer. En España, por ejemplo, la producción de plaguicidas aumentó un 63% (de 100.568 a 163.602 toneladas) entre 1994 y 2004 y el consumo aparente aumentó un 24% entre 2003 y 2004 (que en este año fue de 173.149 toneladas, superior a las 163.000 producidas ,ya que se importaron algo más de las que se exportaron)(3).

Si nos centramos en los pesticidas agrarios , hay que hacer notar que su empleo masivo es la quintaesencia de la desnaturalización de la práctica agraria con la que se prometió incrementar la producción a costa de unas severas consecuencias de contaminación y de pérdida de calidad y diversidad de los productos. Su empleo ha debilitado las cosechas y fortalecido a sus enemigos, creando una agricultura cada vez más dependiente de nuevos y cada vez más tóxicos y caros productos que han de ser aplicados en dosis crecientes cada año.

Cuando se descubrieron las propiedades insecticidas del DDT es cierto que se percibieron algunos pasajeros incrementos en la producción, pero enseguida los pesticidas fueron perdiendo eficacia, de modo que para conseguir leves mejorías había que incrementar muy notablemente el consumo de plaguicidas. Mientras a finales de los años cuarenta había unas pocas especies de insectos resistentes, hoy son centenares. Al mismo tiempo han eliminado poblaciones enteras de insectos no solo beneficiosos sino con frecuencia fundamentales para el equilibrio ecológico e incluso para la pervivencia de importantes usos humanos. Lo mismo cabe decir de las llamadas “malas hierbas” cuya resistencia a los herbicidas ha crecido de tal modo que ha forzado a los fabricantes de pesticidas a embarcarse en la incierta aventura de crear variedades de plantas transgénicas que puedan ser compatibles con las dosis crecientes de herbicidas que se usan. Ello hace además a las empresas productoras de pesticidas unos muy importantes actores en la aparición de otra nueva forma de contaminación, además de la química derivada de sus productos, de la que nos ocupamos aquí, y que no es otra que la contaminación genética, cuyos efectos aún no han sido debidamente valorados (4), y que se está extendiendo poco a poco con imprevisibles consecuencias sobre la salud y el medio ambiente. Hoy España ostenta el triste record de ser el país de Europa con mayor superficie ocupada por cultivos transgénicos. En los supermercados crece el número de productos ,sean nacionales o de importación, derivados de la manipulación genética, sin haber valorado debidamente los cambios en la composición de los alimentos y sus posibles efectos sanitarios, especialmente sobre sectores sensibles de población. Resulta llamativo el poder creciente que las industrias químicas están teniendo sobre el sector de la alimentación , ya desde las mismas semillas, cuando la mayor parte de la población quiere una alimentación lo más natural posible.

Mientras todo esto sucede grandes cantidades de pesticidas siguen integrándose en los ciclos naturales, como en las cadenas alimentarias, muchas veces con gran persistencia. Hay pesticidas que llevan décadas sin apenas utilizarse y que siguen detectándose en los tejidos humanos. Se adhieren de forma tremendamente insidiosa a la cadena de la vida. Se difunden a través de toda suerte de mecanismos físicos, químicos y biológicos. Su presencia se detecta muy lejos en el tiempo y en el espacio del lugar en el que fueron empleados. Se ha publicado mucho acerca de los daños que producen en vegetales y animales acuáticos, cómo inducen anomalías en la reproducción de las aves y ,por supuesto, como se acumulan y causan estragos en los propios seres humanos. Muchas de estas sustancias, diseñadas precisamente para dañar organismos vivos,- o si se prefiere, más eufemísticamente, para ser biológicamente activas- son muy conocidas por sus efectos sobre el sistema nervioso, inmune y endocrino. Más adelante veremos algunos ejemplos de ello.

Existe la tendencia ,especialmente en una sociedad como esta tan saturada de información (pocas veces valiosa) a fijar sólo la atención en lo más espectacular. Aquello que por sus proporciones y por su claridad es difícil que pase desapercibido. Un ejemplo de ello fue lo que pasó en Bhopal, en la India, cuando una explosión en una fábrica de pesticidas en los años 80 causó miles de muertos y cientos de miles de afectados. Otro ejemplo de contaminación por pesticidas del que, por una serie de circunstancias , se ha hablado mucho a nivel internacional , es el de las fumigaciones con el agente naranja durante la Guerra del Vietnam. Más de tres décadas después de acabada la guerra la población sigue sufriendo efectos graves que han afectado ya a cientos de miles de personas (cánceres, defectos congénitos, daños neurológicos, dolencias en la piel, …). Pero incluso temas como estos sólo atraen la atención de los medios de comunicación durante un tiempo limitado, pasado el cuál todo queda prácticamente olvidado, salvo para las personas que tienen algún interés singular por estas cuestiones.

Hay otros temas que, a pesar de su tremenda incidencia, en general ni siquiera consiguen ése pasajero interés de los medios de comunicación. Temas que llaman mucho menos la atención , a pesar de estar vinculados con usos extraordinariamente extendidos de los pesticidas como los que tienen que ver con la agricultura. Todo ello aunque de sus efectos de enfermedad y muerte arrojen cifras realmente notables. Basta ver ,por ejemplo, los datos de la Organización Mundial de la Salud que, a pesar de ser bastante conservadores, hablan de unos 220.000 muertos al año y 25 millones de afectados en el planeta, por causa de los pesticidas (5) . Los datos publicados por el Instituto de Recursos Mundiales hablan de entre 3 millones y 3 millones y ½ de intoxicaciones agudas por pesticidas en el tercer mundo al año. Sin embargo, ni siquiera estas cifras hacen que la prensa se ocupe demasiado de estos temas. Y a causa de ello ,una buena parte de la población apenas está al tanto de cosas objetivamente muy relevantes.

Cabe decir, no obstante, que en las cifras aludidas se incurre muy probablemente en uno de los errores de enfoque más frecuentes a la hora de abordar los efectos de la química sobre la salud y que no es otro que solo fijarse en los efectos más inmediatos y directamente atribuibles a un tipo de sustancias, como los derivados de las más evidentes exposiciones agudas, no valorándose más que las enfermedades y muertes más obviamente atribuibles, cuando una buena parte de la morbilidad , esto es, de las enfermedades, y de la mortalidad puede quedar diferida en el tiempo, y ser difícilmente asociable a la causa que la produjo. Las cifras citadas no contemplan la contribución de los pesticidas a múltiples problemas de salud extraordinariamente frecuentes en las sociedades modernas, que van desde los más diversos tipos de cáncer al síndrome de fatiga crónica, pasando por la diabetes, etc- a pesar de la creciente evidencia científica que va en ese sentido. Al hablar de los efectos sanitarios no basta con centrarse tan sólo en una serie de daños muy directos y evidentes, como las intoxicaciones de agricultores que se dan en los invernaderos de El Ejido (Almería) (6), una de tantas zonas agrícolas de España, país en el que se usan pesticidas con extraordinaria abundancia. Porque, más allá de estos casos más evidentes, el impacto sanitario de los pesticidas es mucho más vasto. Para empezar, entre los propios agricultores, como muestran muchos estudios científicos, cuyos resultados no han sido incorporados debidamente a estadísticas como la antes mencionada, que ligan los pesticidas agrícolas y del hogar a enfermedades como el Parkinson . En estudios como estos se ve, por ejemplo, que las personas más expuestas a herbicidas tenían hasta cuatro veces más riesgo de padecer la enfermedad y los más expuestos a insecticidas hasta 3, 5 veces más. En los Estados Unidos el Centro de Control y Prevención de Enfermedades registró en agricultores 2, 8 veces más riesgo de padecer Parkinson.

Basta consultar la CHE Toxicant and Disease Database , para ver como en el epígrafe de esta enfermedad se nos dice como esta enfermedad ha sido ligada por una copiosa cantidad de trabajos de investigación científica con la exposición a una serie de sustancias químicas, especialmente entre trabajadores agrícolas como aplicadores de pesticidas , granjeros , criadores de animales y otras personas que suelen estar bastante expuestas a los biocidas. Varias poblaciones estudiadas, que tenían varias veces más riesgo de padecer la enfermedad tenían un claro pasado de exposiciones a sustancias tales como herbicidas o insecticidas. Entre la lista de sustancias asociadas a la enfermedad , que incluye no solo pesticidas, se citan el manganeso, el MPTP, metanol, paraquat, , dieldrin, glifosato, plomo, mancozeb, maneb, pesticidas organofosforados y organoclorados, PCBs, etc.

Otros informes vinculan las más diversas enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica a ,por ejemplo, los pesticidas organofosforados ( 7 ) . Tampoco faltan otros como los que vinculan pesticidas con linfomas, por ejemplo ( 8 ). En otros capítulos aludiremos a otras patologías, como pueda ser el cáncer de próstata. Hace unos años, el doctor Gonzalo López Abente ,del Instituto de Salud Carlos III, publicó un interesante monográfico sobre “Cáncer en agricultores” que mostraba como en este sector de población hay excesos de una serie de cánceres (cáncer cerebral, estómago, linfoma no Hodking, leucemina, próstata o testículo).

Pero si ,como vemos, muchas estadísticas ni siquiera contemplan debidamente todos los daños que los pesticidas pueden producir en los agricultores, como grupo humano que puede verse expuesto a ellos con más intensidad, es evidente que mucho menos contemplan los efectos que tienen en más amplios sectores de población que por ejemplo a través de la dieta pueden verse expuestos a estas sustancias. Nos ocuparemos de algunas de estas cuestiones, que tienen que ver con patologías como el cáncer de mama, en otros apartados.

En 2001 la Comisión Europea hizo públicos los resultados de una serie de análisis que revelaban que casi un 37% de las frutas y verduras europeas que llegaban a los mercados tenían presencia de plaguicidas por debajo del “límite legal” y casi el 4% por encima de este. El año siguiente, durante el Congreso Nacional de Epidemiología que se desarrolló en Barcelona, una investigadora comprometida con estas cuestiones, Ana María García de la Universidad de Valencia, presentó otros datos que mostraban también esa presencia de pesticidas en un alto porcentaje de las muestras de las frutas ,especialmente algunas como las naranjas, así como en muchas de las muestras de lechugas y arroz. En 2005, por su parte, la Gaceta Sanitaria publicó un estudio de la Agencia de Salud Pública de Barcelona que había detectado presencia de restos de pesticidas organofosforados en más del 14% de los productos analizados (en concreto ,por ejemplo, en un 37% de los cítricos y en un 3% de los frutos secos). La Organización de Consumidores y Usuarios ha realizado diversos trabajos sobre la presencia de residuos de pesticidas en las frutas y verduras que llegan a las tiendas. En otro capítulo hablaremos de contenidos de tóxicos en otros alimentos. Sobre todo porque no suele ser en los vegetales, precisamente, donde estos hayan sus mayores concentraciones. En cualquier caso el conocimiento que buena parte de la población tiene de estas cuestiones es muy escaso, como también lo es acerca de que cada vez más investigaciones científicas avalan que no son precisas altas concentraciones de ellos en los cuerpos humanos para generar desarreglos. En otros apartados comentaré de los efectos notables que pueden tener aparentemente “bajas” concentraciones de tóxicos , perfectamente “legales” especialmente cuando se ve expuestos a ellos una buena parte de los habitantes de un país.

Los pesticidas han sido ligados a los más variados problemas de salud, como el cáncer , problemas reproductivos , del sistema inmunitario o del sistema nervioso. Son sin duda uno de los grupos de sustancias que la ciencia ha asociado a más dispares problemas de salud. Por citar tan sólo un pesticida, el clordano, ha sido ligado a problemas tales como cáncer de mama, cáncer de hígado, supresión del sistema inmune, neuropatía periférica, leucemias en niños y adultos, generación de anticuerpos de autoinmunidad, esclerosis múltiple, cáncer de testículos, porfiria, etc ( 9 ). Si fuésemos, uno por uno, por todos los pesticidas, viendo los desmanes que les atribuye una muy copiosa y creciente literatura científica, no acabaríamos nunca. De todos modos, veremos algunos ejemplos, cuando hable de diversas enfermedades.

Por concluir con este breve repaso al problema de los pesticidas, vamos a hacerlo con uno de los usos más cercanos a una buena parte de los habitantes de los países industrializados. Me refiero a las fumigaciones –sea con organofosforados, con piretroides o carbamatos- que se producen en el interior de espacios cerrados para terminar con hormigas, cucarachas y demás. Son tratamientos que con frecuencia ni siquiera se realizan por que se haya detectado la presencia de insectos, sino de forma “preventiva”, según un calendario regular. Suele hacerse en las más diversas dependencias, desde hoteles a oficinas, pasando por aviones o vagones de tren, por ejemplo.

La salud de miles de trabajadores se ha visto menoscabada por este tipo de tratamientos, habiendo terminado muchos de ellos con invalidez permanente. Al margen de si muchas veces se guardan siquiera las mínimas normas y precauciones, hechos así hacen dudar si los supuestos beneficios de tales fumigaciones compensan los daños producidos , máxime cuando en muchas de estas fumigaciones apenas habían sido detectadas unas pocas hormigas, y si no habría sido más inteligente haber considerado otras alternativas menos agresivas.

La inquietud médica por estas cuestiones está creciendo en zonas como Cataluña , ante los centenares de casos de personas por dificultades respiratorias, incapacidad para tareas normales, síndromes irritativos, pérdidas de memoria, dificultad de concentración, Síndrome de Fatiga Crónica, Sensibilidad Química Múltiple, fenómenos autoinmunes, hipotiroidismo, desarreglos hormonales, etc.. ( 10 ). Ha habido casos que han tenido cierta repercusión en la prensa (11), como los de las fumigaciones en el Hospital Vall d`Hebrón ,en el Centro de Atención Primaria (CAP) de Tarragona o en algún hotel de la capital catalana.

Los daños sanitarios derivados de situaciones de este tipo son muy diversos. Carme Valls , doctora que ha estudiado muchísimos casos , principalmente en Cataluña, establece seis grandes síndromes originados al exponerse a los insecticidas: síndrome respiratorio de vías altas y bajas, síndrome neuropsicológico, síndrome hiperestrogénico con alteraciones del ciclo menstrual, síndrome de estimulación de la autoinmunidad, síndrome de parasimpáticotonía hipotalámica con hipersecreción de la hormona del crecimiento y síndrome de hipersensibilidad química múltiple ( 12 ).

El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo en su Nota Técnica de Prevención 595 (13), entre los efectos atribuibles a los pesticidas incluye daños en la memoria, afectación a la capacidad de concentración y orientación, pérdida de energía, fatiga, anomalías en algunos parámetros neurofisiológicos, alteraciones menstruales, Sensibilidad Química Múltiple, etc. Diversos informes (14), aluden a los efectos neurotóxicos, por ejemplo, de los organofosforados, que traen consigo trastornos neurocomportamentales de tipo crónico con disminución de las capacidades cognitivas, exhaustivamente descritos (15 ) . Apuntando que los organofosforados , solos o en compañía de los piretroides (que parece que también por sí mismos podrían hacerlo) pueden originar, entre otras cosas, el llamado Síndrome de Fatiga Crónica, incluso en exposiciones a niveles bajos, acabando por generar la incapacidad laboral permanente de los afectados. Y, finalmente ,por supuesto, los organofosforados son capaces de dar origen a la llamada Sensibilidad Química Múltiple de la que hablaremos en otro capítulo de este libro.

En una sociedad como ésta, donde tantas personas usan muy alegremente productos como éstos, no está de más tener algo de conciencia de los múltiples efectos que la exposición a los mismos puede causar. El simple hecho de leer las etiquetas de algunos pesticidas domésticos, por incompletas que sean, podría ayudar a esa concienciación. Etiquetas en las que no es infrecuente que se advierta de riesgos tales como el de una neumonía química, por ejemplo, y se recomienden una serie de precauciones que pocas veces son tenidas en cuenta.

En muchas casas los pesticidas se utilizan como algo rutinario, como si fueran una especie de inocuo perfume que puede rociarse generosamente por las habitaciones cerradas en las que la gente, niños y mayores, desarrollan sus actividades.

No debemos olvidar, de todos modos, que la exposición a pesticidas puede ser mucho más sutil de lo que imaginamos y no proceder sólo de la dieta o de los productos que manipulamos, sino de elementos que no sospechamos que puedan portarlos, como pueda ser la madera tratada de una casa recién estrenada y que, sin que nosotros lo sepamos, puede haber sido tratada, pongamos por caso, con pentaclorofenol (16).

NOTAS

 

1 Ver, por ejemplo: La Crónica de Badajoz 20-6-2007)

 

2 II Congreso Internacional de Medicina Ambiental. Brunete (Madrid). Junio 2006.

 

3 Informe Observatorio Sostenibilidad en España (OSE) 2006, pg 342.

 

3 Recomiendo por ejemplo la lectura de mi comparecencia en el Senado (Cortes Generales. Diario de Sesiones del Senado. Comisión Especial sobre la manipulación genética con fines de producción de alimentos. 4 de octubre de 1999. Es accesible en internet, de hecho en este mismo espacio en el apartado concreto).

 

5 Datos de la Academia de Ciencias de EE.UU. ,un tanto conservadores, hablaban de que para 2050 se habrían producido un millón de cánceres por exposición a pesticidas (al parecer se refería a 28 de estas sustancias, aunque la EPA tenía al menos 53 identificados como cancerígenos).

 

6 Francisco Laínez Bretones, como otros médicos de Andalucía, han investigado secuelas a largo plazo. Muchas de las intoxicaciones son cutáneas (cerca de un 90%) y de ellas un 1% causa la muerte. Aunque por ingestión son menos frecuentes, son más mortales (muere un 20%). Se dan, asimismo, no pocos casos de suicidios con los propios pesticidas.

 

7 Ver, por ejemplo el Informe ITB/75. 07 . 23 de agosto. Centro Nacional de Condiciones del Trabajo . Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

 

8 Sanjosé S et al. Exposure to non-arsenic pesticides is associated with lymphoma among farmers in Spain. Occup Environ Med (2006).

 

9 Ver ,por ejemplo, la base de datos de The Collaborative on Health and the Environment (CHE) Toxicant and Disease Database) que remite a los estudios científicos realizados sobre multitud de tóxicos y enfermedades.

 

10 Ver, por ejemplo, “Síndrome de fatiga crónica e hipersensibilidad química múltiple tras exposición a insecticidas” . Fernández-Sola J. , Lluis P., Nogue X., Munne M. Servicio de Medicina Interna, Unidad Multidisciplinar de Fatiga Crónica, Hospital Clinic de Barcelona, IDIBAPS, U. de Barcelona. Referido a afectados por fumigación en edificios.

 

11 El País 18-6-2002. El Mundo 3 febrero 2007. EFE 16 enero 2007. La Vanguardia 14-11-2004.

 

12 Consecuencias clínicas a corto, medio y largo plazo de fumigaciones de insecticidas en lugares de trabajo. Valls C. Directora del Programa Mujer Medio Ambiente , Salud y Calidad de Vida del CAPS. Ver también: Francisca López, Jordi Obiols, Neus Moreno y Carme Valls. Plaguicidas de uso ambiental: un riesgo grave y poco conocido. Accesible en: Revista Interactiva Mujeres y Salud .M y S 7. 1.1. http://www.matriz.net/mys/mys-07/dossier/doss_07_018.html

 

13 NTP 595: Plaguicidas: riesgos en las aplicaciones en interior de locales. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo .Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

 

 

14 Como el Informe ITB/75. 07 . 23 de agosto. Centro Nacional de Condiciones del Trabajo . Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Este informe era una revisión y actualización de un informe anterior del año 2002 (ITB/114. 02) sobre los efectos de los pesticidas organofosforados sobre la salud de los trabajadores, que se realizó , dentro del contexto de una causa judicial, a petición de Adquira.

 

15 Conocidos con la denominación de Chronic Organophosphate Induced Neuropsychiatric Disorder (COPIND), y más recientemente con la de Organophosphorus Ester-Induced Chronic Neutoxicity (OPICN)

 

16 Compuesto sintético profusamente usado para el tratamiento de las maderas, por ejemplo, por sus propiedades como fungicida, lo que también ha servido para que se emplee para impregnar tejidos industriales. La industria del papel ,así como la de los curtidos, también lo han empleado como agente anti bacterias. Persiste mucho en el suelo, el aire o las aguas. Se atribuyen al pentaclorofenol o a algunos de sus metabolitos graves efectos sanitarios. Puede ser cancerígeno. Es muy tóxico por ingestión, contacto con la piel o inhalación. Fuertemente irritante para ojos y vías respiratorias. Decenas de países han adoptado medidas para limitar su uso.

 

 

(Copyright Carlos de Prada)

 

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HIPERSENSIBILIDADES

Podría escribirse mucho sobre determinados efectos de los tóxicos ,como pueden ser los de los tóxicos sensibilizantes, que son aquellos que al inhalarlos o por contacto con la piel pueden generar reacciones de hipersensibilidad. Si nos dedicamos a leer las etiquetas de muchos productos de uso cotidiano en los hogares veremos cuantos de ellos pueden generar este tipo de reacciones. Pensemos por ejemplo, en los pesticidas domésticos. Basta leer sus etiquetas para encontrarse con advertencias tales como que pueden causar -además de otras cosas como una neumonía química, narcosis o depresión respiratoria o del Sistema Nervioso Central- hipersensibilidades.
Una vez que una persona ha quedado sensibilizada frente a uno de estos tóxicos, frecuentemente a consecuencia de una respuesta inmune, bastará muchas veces con una exposición a concentraciones muy bajas para que se produzcan respuestas alérgicas que pueden llegar a ser muy graves. Muchos casos de rinitis, asma, alveolitis, bronquitis, eczema de contacto, urticaria de contacto o blefaroconjuntivitis tienen esta explicación.
Para complicar el cuadro se puede dar también una “reactividad cruzada” a otros compuestos con estructura química similar. Es decir , que ya no solo se reaccionaría frente a la sustancia concreta que produjo la sensibilización, sino frente a otras más o menos semejantes. Y en esa tesitura ya no solo sustancias sensibilizantes, sino también simplemente irritantes pueden generar reacciones (1). En algunos casos estas personas no mejorarán en tanto sigan exponiéndose a los tóxicos que producen sus reacciones, lo que puede llevar a que, si es en el entorno laboral, tengan que coger muchas bajas o incluso a que pierdan su trabajo.
Este tipo de respuestas de hipersensibilidad son cada vez más frecuentes, como no podía ser de otro modo ante la creciente exposición a sustancias químicas que pueden generarlas en los más diversos ambientes. Y, con los matices que luego haremos, guardan un innegable vínculo con el tema del que vamos a ocuparnos a continuación.

LA SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE
LOS “CANARIOS” DE LA MINA
(Sobre esta enfermedad está a punto de aparecer un libro del que soy autor y del que se informará cuando esté disponible)

Hay muchas enfermedades o problemas sanitarios que pueden originarse a consecuencia de la exposición a sustancia químicas tóxicas, pero hay una dolencia que tiene unas peculiaridades que pueden ayudarnos a comprenderla no sólo a ella, sino a todas las demás. Me refiero a la Sensibilidad Química Múltiple (SQM) (2).
Diversas enfermedades que muy frecuentemente pueden tener un origen tóxico: cánceres, asma, diabetes,… a pesar de lo cual ninguna lleva normalmente el apellido de “química”, aunque muchas veces lo mereciesen.
La Sensibilidad Química Múltiple sí lleva ese apellido. Y ello es así porque es una de esas enfermedades que emergen más claramente del “iceberg” del que hablamos en su momento ,el de carga de enfermedad que los tóxicos están generando. Una de las enfermedades cuyo origen tóxico es más claro y que puede servir ,por tanto, para que reparemos en hasta que punto lo tóxico puede producir una patología compleja, sin que tantas otras posibles causas lo puedan disfrazar. Es una enfermedad indicadora que hace que no sólo la veamos a ella , brillando como la punta de un “iceberg” sino que sirve para advertirnos de que bajo ella hay siempre una “masa de hielo” de enormes proporciones. La masa de las enfermedades causadas por factores semejantes a los que hacen surgir la SQM aunque no de forma tan visible a simple vista.
No se si algunos de ustedes serán o no aficionados a las setas. Pero lo que sucede con esta enfermedad en relación al panorama de todas las demás enfermedades producidas por los tóxicos es lo mismo que lo que sucede entre la seta y el resto del organismo vivo al que está unida , que es inmensamente mayor, y que permanece enterrado sin que podamos verlo. La SQM es la “seta” , la parte visible que emerge del gran hongo del que forma parte y que tiene entramados muy extensos bajo tierra.
Míles de investigaciones han ido desenterrando y dado a conocer partes de ese enorme y muy ramificado “hongo” de las enfermedades ambientales, un “hongo” tóxico que ha ido extendiéndose y reproduciéndose enormemente en las últimas décadas sin que muchos supieran verlo. En la enfermedad que abordamos ahora por el contrario, para llegar a conocer su origen tóxico, no ha habido que escarbar demasiado, porque es evidente. Evidente incluso para buena parte de los afectados, a diferencia de los de otras enfermedades que desconocen la causa de haberlas contraído.
Normalmente vivimos rodeados de tóxicos, los respiramos, los ingerimos,… sin notar nada extraño, aunque nos estén haciendo enfermar. Una persona puede tener un cáncer de mama , una endometriosis, una diabetes,… derivados de la exposición a unos tóxicos determinados, pero puede seguirse exponiendo a esos tóxicos sin notar nada extraño. Muy frecuentemente los efectos pueden tardar incluso años en manifestarse, dificultando la asociación con una exposición química concreta. Pero esto no sucede así con los afectados por la Sensibilidad Química Múltiple, los cuales (más…)

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(Este documento también está en la sección de Tóxicos y Salud)

LA EPIDEMIA SILENCIOSA

La creciente lista de enfermedades y problemas de salud que hoy la literatura científica atribuye a la exposición a sustancias químicas tóxicas, como causantes o como agravantes, es interminable. Hay entidades como The Collaborative on Health and the Environment que, como para facilitarnos la labor de adentrarnos en este complejo mundo , han creado una base de datos sobre las más dispares investigaciones que van ligando tóxicos a enfermedades concretas. Vamos a citar sólo unas cuantas de las enfermedades, no para que las memorice , lector, sino para que pueda hacerse una idea: asma, enfermedad de Parkinson, neuropatía periférica, problemas de conducta, cánceres de los más diversos tipos, bronquitis, malformaciones cardiacas congénitas, cardiomiopatía, enfermedades cerebrovasculares, edema pulmonar, daños al esperma, alteración de los ratios sexuales, (más…)

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